En una ciudad, la secuencia de su planificación, la que va desde una Política de Usos del Territorio, PUT, en tanto suelo urbano y urbanizable, a su planificación, urbanismo, paisajismo, arquitectura y diseño del mobiliario urbano, POT, es ineludible. La pertinencia de su emplazamiento garantiza la calidad de vida de sus diversos habitantes y la facilidad para llevar a cabo sus distintas actividades; es asegurar la convivencia, la transparencia y el orden en la sociedad, a las que se debe comprometer un Gobierno Municipal responsable y no corrupto.

Se trata de una serie ordenada de planes, normas y reglamentaciones, acordes con dicha política de usos del territorio, PUT, que guardan una relación entre sí y que se manifiesta en ambos sentidos, lo que es básico para planificar el desarrollo de la ciudad física, en tanto un artefacto, además de sus aspectos económico y social, a corto, mediano y largo plazo. Por consiguiente, urge que se considere y respete dicha secuencia, y su orden, y no se cometa la torpeza de realizarlos de manera independiente y sin considerar sus diversas interrelaciones.

Considerando que casi todo el suelo urbano y urbanizable es de propiedad privada pero que la ciudad es un bien público y colectivo, este asunto es parte fundamental de dicha política, en tanto cómo considerar las expectativas económicas particulares de sus propietarios, de tal manera que no afecten los beneficios generales de todos en la ciudad incluyéndolos a ellos.

En el caso del patrimonio cultural y natural a conservar, el Municipio debería adquirir el más importante, que no pertenezca a instituciones, y compensar económicamente a sus dueños.

Primero, es preciso definir claramente el Área Metropolitana de la Ciudad, AMC, la que inevitablemente incluirá varios municipios vecinos, a partir una política de ocupación del territorio, tanto dentro de la ciudad como en sus alrededores, previamente establecida dentro de la Política de Usos del Territorio, PUT. Y entenderla como una guía y una serie de reglas que el Gobierno Municipal pone en acción para tomar decisiones democráticas en beneficio de todos sus habitantes y para facilitar sus actividades en la región y no apenas en la ciudad.

Luego proceder a un Plan Territorial de Ordenamiento, PTO, de dicha Área Metropolitana, AMC, considerando que se trata de un conjunto de instrucciones y de una secuencia de normas, a partir de la geografía regional en tanto relieve, aguas, vegetación, fauna, clima y medio ambiente; como de la historia de sus edificaciones tradicionales, junto con la de sus monumentos patrimoniales más reconocidos; y considerando las implicaciones económicas, sociales y culturales para todos los habitantes y sus distintas actividades.

Un Plan Territorial de Ordenamiento, PTO, a partir de Planes Urbano-Paisajísticos, PUP, y Normativas Urbano Arquitectónicas, NUA, en tanto un instrumento técnico y legal para el desarrollo físico de la ciudad. Usos del suelo y ocupación del mismo, partiendo de un mapa de las condiciones del suelo, PCS.

Planes que incluyen un plan vial, otro de usos del suelo: vivienda, comercio, industria y demás; y de ocupación del espacio: ancho, largo y alto; y los diseños del mobiliario urbano, y la iluminación, nomenclatura, señalización y demarcación de las vías.

Por último, están los diversos proyectos arquitectónicos de las edificaciones, tanto edificios como casas y otros, y los de los diferentes espacios urbanos públicos de la ciudad, como lo son sus andenes, calles, avenidas, paseos, plazas, parques y zonas verdes, los que por consiguiente deben ser consecuentes con todo lo anterior y no independientes. Proyectos todos estos que deben acatar sus correspondientes normas metropolitanas, urbanas, arquitectónicas, constructivas y de vegetación incluidas en la Normativa Urbano Arquitectónica, NUA

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.