La decisión del presidente Abelardo de la Espriella de no viajar a Nueva York para asistir a la Asamblea General de Naciones Unidas es ante todo, una decisión política coherente con una promesa de campaña: permanecer en Colombia y dedicar su tiempo a resolver los problemas nacionales.

En política, cumplir una promesa merece reconocimiento.

El presidente ofreció durante la campaña que no saldría del país y que dedicaría su gobierno a trabajar en Colombia. Ahora está cumpliendo. No se trata de justificar una ausencia, sino de valorar una decisión que coloca el centro de gravedad de la Presidencia en el territorio nacional.

La ubicuidad de un presidente

Gobernar Colombia desde Bogotá ya es una tarea enorme. Hacerlo recorriendo Barranquilla, Bucaramanga, Cali, Riohacha y otras regiones significa asumir una exigencia todavía mayor: escuchar a gobernadores y alcaldes, atender problemas de seguridad, infraestructura, empleo, salud, educación y desarrollo económico.

Colombia necesita un presidente que conozca el país real.

Existe una gran diferencia entre administrar desde un despacho y estar físicamente en las regiones. En una nación de 1.100 municipios, enormes desigualdades territoriales y múltiples economías regionales, la presencia presidencial puede convertirse en una verdadera herramienta de gobierno.

La ubicuidad presidencial esfuerzo extraordinario, es una metodología de gestión.

Mientras uno gobierna, otro abre mercados

La decisión adquiere mayor sentido por el papel asignado al vicepresidente José Manuel Restrepo.Mientras el presidente permanece en Colombia, el vicepresidente desarrolla una agenda internacional orientada a inversión, comercio, innovación y relaciones económicas. Ya lo hizo inicialmente en Washington y ahora participa en el escenario de Naciones Unidas.

Es una división de responsabilidades que puede resultar útil: Presidencia territorial y Vicepresidencia internacional.

Colombia no necesita que todas las funciones estén físicamente concentradas en una sola persona. Necesita presencia donde están los problemas y representación donde están las oportunidades.

Quien cuestione, debería mirar primero las cifras del país.

Colombia tiene un PIB per cápita de aproximadamente US$8.561 en 2025, según el Banco Mundial. Argentina registró cerca de US$14.898; Chile, US$17.995; Costa Rica, US$19.970; Uruguay, US$25.216, y España, US$38.627.

La diferencia muestra la magnitud del desafío económico. Colombia todavía está lejos de los niveles de ingreso por habitante de varios países latinoamericanos y mucho más distante de las economías desarrolladas.

Esto obliga a pensar en crecimiento, productividad, inversión, empleo formal, infraestructura, educación y competitividad.

No estamos para administrar la pobreza. Necesitamos producir más riqueza y ampliar las oportunidades.

Seguridad y educación

Colombia continúa enfrentando un problema grave de violencia y homicidios. La tasa de homicidios de   28.2 por cada 100.000 habitantes es muy alta ( 2025 )

Por eso resulta relevante que el presidente esté en las regiones. La seguridad no se resuelve únicamente desde Bogotá: requiere coordinación en ciudades, municipios, zonas rurales y fronteras.

Y está la educación.. Los resultados de Colombia en PISA muestran un rezago importante frente a la OCDE. En matemáticas, solo el 29 % de los estudiantes alcanzó al menos el nivel 2 de competencia, frente al 69 % promedio de la OCDE; en lectura fue 49 % frente a 74 %, y en ciencias, 49 % frente a 76 %.

Estas cifras deberían ser una alarma nacional. No basta con aumentar cobertura: Colombia necesita elevar radicalmente la calidad del aprendizaje.

El presupuesto tampoco permite distracciones

A todo esto se suma el problema fiscal. El nuevo Gobierno enfrenta unas finanzas públicas que exigen disciplina, priorización del gasto y decisiones difíciles. El Presupuesto General de la Nación para 2027 refleja unas restricciones fiscales que obligan a determinar qué se financia, qué se aplaza y dónde cada peso público produce mayor impacto.

Ese trabajo ocurre fundamentalmente en Colombia.

El contraste con el gobierno anterior

El contraste con el gobierno de Gustavo Petro resulta inevitable. Petro realizó 65 viajes internacionales durante su cuatrienio y permaneció 259 días fuera de Colombia; otros cálculos, elevaron la cifra a 276 días.

La diplomacia presidencial cumple funciones importantes y un jefe de Estado debe representar al país internacionalmente cuando las circunstancias lo requieren. Pero existe otra concepción: un presidente concentrado en Colombia y un vicepresidente encargado de una parte importante de la agenda internacional.

Colombia primero

La decisión de Abelardo de la Espriella tiene un significado que va más allá de Nueva York. Es una señal de prioridades. Un país con problemas de seguridad, bajo PIB per cápita, dificultades fiscales, rezagos educativos y enormes desigualdades regionales necesita una Presidencia comprometida con su territorio.

Al mismo tiempo, necesita una diplomacia económica activa que busque capital, tecnología, mercados y alianzas. Por eso, más que justificar que el presidente no haya viajado, corresponde reconocer y agradecer que esté trabajando en Colombia, mientras su vicepresidente desarrolla en el exterior una agenda que puede contribuir al crecimiento.

El juicio definitivo no lo dará un viaje ni una fotografía en Naciones Unidas. Lo darán los resultados.

Colombia primero no debe ser solamente un lema. Debe convertirse en una metodología de gobierno.

Editorial