En las elecciones al Congreso celebradas el 13 de marzo de 2022, la participación fue baja: menos del 50 % de las personas habilitadas para votar acudieron a las urnas. Parte de quienes sí votaron eligieron opciones que no se traducen directamente en representación: los votos en blanco alcanzaron más del 6 % del total, mientras que gran cantidad de votos fueron nulos en el escrutinio. Esta combinación abstención y votos sin elección de representantes concretos  muestra que más de la mitad del electorado no eligió directamente a quien debía representarlos.

En un país donde la informalidad y la desigualdad son comunes, el alto nivel de abstención limita la capacidad de transformar el modelo social y económico vigente. El próximo 8 de marzo, la ciudadanía tiene la oportunidad de cambiarlo: las elecciones legislativas no son un trámite, son la decisión más importante del año.

Votar es una inversión en gobernabilidad, en confianza y en el futuro del país. Cada voto por candidato o partido contribuye a que el Parlamento represente de verdad a la gente, y no solo a intereses particulares. Solo si los votos válidos superan a la abstención y a los votos en blanco, podremos tener un Congreso que responda a las necesidades de la población.

Colombia necesita avanzar más allá de un modelo que mantiene un PIB per cápita por debajo de los US $8 000 al año y millones en empleo informal. Participar en las urnas es el primer paso para exigir reformas que promuevan empleo formal, equidad y oportunidades reales. Este 8 de marzo, la inversión más valiosa no se mide en dinero: se mide en compromiso ciudadano.

El mensaje es claro: participar, decidir y cambiar. Solo así podremos fortalecer las instituciones y avanzar hacia un país donde las decisiones beneficien a todos.

Editorial