Dentro de dieciséis meses Santiago de Cali elegirá alcalde y Concejo para el período 2027-2030. Antes de comenzar una nueva campaña, la ciudad debe responder una pregunta incómoda, pero inaplazable: ¿quién responde por haber llevado a Cali a ocupar el último lugar en calidad educativa entre las principales ciudades de Colombia?
No existe una crisis más grave que esta. La quiebra fiscal de Cali, el incumplimiento con el transporte de los caleños, MIO, la estafa de la valorización, la inseguridad, la corrupción, la excesiva burocracia. la pobreza, la informalidad laboral y la baja competitividad son problemas enormes, pero todos tienen un origen común: el deterioro progresivo de la educación pública. Una ciudad puede recuperarse de una recesión económica o de una crisis fiscal como entre el 2.000 y el 2003; recuperar una generación mal educada puede tardar 40 o 50 años.
Las cifras son contundentes. En las Pruebas Saber 11 de 2025, Cali obtuvo 259 puntos sobre 500, el promedio más bajo entre Bogotá, Medellín, Barranquilla y Cali. En las instituciones oficiales el promedio descendió a 250 puntos, reflejando un rezago que compromete el futuro de cientos de miles de jóvenes. No es un dato estadístico más; es la evidencia de que Cali está perdiendo su principal activo: el capital humano.
La Constitución señala responsables
La CN distribuye claramente las competencias del gobierno municipal. Los artículos 314 y 315 establecen que el alcalde de Cali dirige la administración, ejecuta el Plan de Desarrollo, administra los recursos públicos y responde por los resultados de las políticas públicas.
A su vez, los artículos 312 y 313 asignan al Concejo de Cali la aprobación de acuerdos y presupuesto, la autorización de decisiones estratégicas y el control político permanente sobre el Ejecutivo. Alcalde y Concejo conforman así el Binomio Constitucional del Gobierno Local: uno administra y el otro autoriza, controla y vigila. Por ello, cuando durante varios gobiernos la educación pierde calidad, la responsabilidad política es compartida. El verdadero balance no son las obras ni el gasto ejecutado, sino el aprendizaje de los estudiantes; si este retrocede, también fracasa la política pública.
No existe uno sin el otro. Uno administra. El otro autoriza, controla y vigila. Cuando durante varios gobiernos consecutivos la educación pierde calidad, la responsabilidad política es compartida. No basta con inaugurar colegios o presentar balances presupuestales. El verdadero indicador es el aprendizaje de los estudiantes. Si los resultados descienden, también fracasa la política pública.
El fracaso no apareció de un día para otro
Este resultado no es responsabilidad exclusiva de una administración. Es el desenlace de más de veinte años sin una política pública sólida para recuperar la calidad educativa.
Mientras otras ciudades fortalecieron la formación docente, modernizaron currículos, incorporaron innovación, tecnología y sistemas permanentes de evaluación, Cali permaneció administrando la rutina. Se construyeron programas, se anunciaron inversiones y se multiplicaron contratos, pero los indicadores fundamentales no mejoraron.
La Secretaría de Educación administra uno de los sistemas oficiales más grandes del país: 91 Instituciones Educativas Oficiales, cerca de 342 sedes, más de 6.500 docentes y directivos docentes, 91 rectores, alrededor de 250 coordinadores y centenares de contratistas. Es, en la práctica, una alcaldía dentro de la Alcaldía.
Sin embargo, una estructura administrativa de semejante tamaño no puede justificarse si la ciudad termina ocupando los últimos lugares en calidad educativa. El tamaño de la burocracia no reemplaza los resultados.
La educación explica la pobreza y el atraso
Los organismos internacionales OCDE, UNESCO, Banco Mundial y CEPAL coinciden en una conclusión: la calidad de la educación determina la productividad, la innovación, la competitividad y el ingreso de una sociedad. No existe país desarrollado con una educación deficiente. Tampoco existe ciudad competitiva cuando sus estudiantes presentan bajos niveles de aprendizaje.
Por eso, cuando Cali registra elevados niveles de pobreza, desempleo, informalidad laboral y baja productividad, no puede analizar estos fenómenos aislados de la crisis educativa. El deterioro del aprendizaje termina convirtiéndose en menor empleabilidad, menores ingresos, menor innovación y menor crecimiento económico.
Sr. Alcalde, Sres. Concejales: La peor obra inconclusa de Cali no es una avenida ni un puente. Es la formación de su capital humano, especialmente con estratos 1, 2 , 3 y 4 , que representan el 82% de la ciudad.
Treinta meses bastan para conocer el legado
A dos años y medio del actual gobierno, tanto el alcalde como el Concejo conocen perfectamente el estado de la ciudad. Saben qué metas del Plan de Desarrollo se cumplirán y cuáles no. Saben qué inversiones produjeron resultados y cuáles quedaron únicamente en informes administrativos. Saben si la educación mejoró o empeoró.
Y saben cuál será el legado que dejarán a los caleños. No pueden esperar al último año de gobierno para descubrir una realidad que los indicadores vienen mostrando desde hace varios años.
El control ciudadano comienza antes de las elecciones
Precisamente por ello, Caliescribe ejercerá un control constitucional ciudadano mediante un derecho de petición dirigido al alcalde Alejandro Eder G. y a los concejales Roberto Ortiz U. y María del Carmen Londoño S., quienes han manifestado privada y públicamente su aspiración a la Alcaldía de Cali.
Se les solicitó el diagnóstico oficial de la calidad educativa, la evolución de las Pruebas Saber, el estado de la infraestructura escolar, las inversiones ejecutadas, los planes de mejoramiento, las metas de largo plazo y las propuestas concretas para recuperar el sistema educativo oficial. Porque la educación no puede seguir siendo un discurso de campaña. Debe convertirse en el principal compromiso de gobierno.
La elección de 2027 debe decidir el futuro y no administrar el atraso
La próxima elección no debería definirse por quién promete más obras, más contratos o más anuncios. Debe decidirse por quién presenta el mejor proyecto para recuperar la calidad educativa de Cali.
La ciudad necesita un Plan Maestro de Calidad Educativa, elaborado por más de 5 rectores de IE y sus coordinadores que son excelentes, con presupuestos y metas verificables, estándares internacionales, evaluación independiente y rendición permanente de cuentas. Como recordamos al colegio Santa Librada, Liceo Departamental femenino, Eustaquio Palacios, Normal nacional de señoritas, Politecnico, etc. Ellos tenían un mayor numero de admitidos en Univalle, que era para excelentes. Eso era el verdadero ascensor social.
Si Cali no recupera la excelencia de su educación pública, tampoco recuperará la competitividad, reducirá la pobreza ni ofrecerá oportunidades reales a las nuevas generaciones.
La ciudad todavía está a tiempo de cambiar su destino. Pero ese cambio no comenzará en el Palacio Municipal ni en el Concejo. Comenzará cuando la educación vuelva a ocupar el primer lugar de la agenda pública y cuando los ciudadanos exijan resultados, no discursos. Ese será el verdadero examen del alcalde Alejandro Eder, del Concejo y de quienes aspiran a gobernar Cali a partir de 2027, a la fecha, Roberto Ortiz y María del Carmen Londoño.
Se adjunta derecho de petición
- Donde lea alcaldía de Cali o Alejandro Eder, lea Secretaria distrital de Cali, Sara Mercedes Rodas, porque es la institución co responsable.