No exagera cada persona cuando piensa que al iniciarse de nuevo un mandato presidencial brotan expectativas, incertidumbres que permitan consolidar ilusiones y acabar con inequidades e injusticias centenarias. No pensar así sería declararnos en una nación sin esperanza colectiva, sin confianza en las instituciones democráticas y ser negativos a las respuestas que pueden provenir del nuevo liderazgo.

Gracias a la existencia de la democracia, la alternancia en el poder renueva las ideas, se desempolvan proyectos y o surgen nuevos, por tal la posesión de un nuevo presidente es mucho mas que un acto de posesión, es compromiso solemne con la Constitución Política, con la institucionalidad y con el deseo de un gran bienestar para toda la población.

Ya debemos superar el agite electoral y encontrar un asidero en el deseo lógico de tener una sociedad más justa, segura, próspera y solidaria.

Podría sintetizar:

  • Los jóvenes desean oportunidades educativas y laborales;
  • Los trabajadores estabilidad económica;
  • Los empresarios reglas claras para invertir y menos impuestos confiscatorios,
  • Los campesinos anhelan apoyo para fortalecer la producción y mejores vías de acceso para llegar a sus parcelas;
  • Las familias que se les garantice respeto a los derechos fundamentales y de verdad que exista una convivencia pacífica y no la zozobra de la muerte.

Esa esperanza deber ir muy acompañada de la administración de los recursos públicos con transparencia, integridad y total cumplimiento de los principios de la función pública, consagrados en el articulo 209 de la C.P., donde toda actuación debe estar guiada por la igualdad, la moralidad, la eficacia, la economía, la celeridad, la imparcialidad y la publicidad. En la medida que estos principios se conviertan en realidad los colombianos nos volveremos personas confiadas en la institucionalidad por tal cada gobernante tiene la responsabilidad de generar confianza o desilusión.

Además, el nuevo gobernante tiene una enorme responsabilidad histórica:

  • Preservar la Unidad Nacional por encima de las diferencias ideológicas, toda campaña electoral divide opiniones; el ejercicio del gobierno, en cambio, exige construir consensos.
  • Fortalecer las instituciones y dejar un legado de respeto por la democracia.
  • Corregir errores y sentar las bases para que la siguiente continúe edificando sobre logros y aprendizajes.
  • La ciudadanía también tiene un papel esencial: participar, ejercer control social y corresponsabilidad, contribuir con una cultura de legalidad, respeto y solidaridad que fortalezca la vida democrática.

En definitiva, cada cuatro años, cuando un nuevo gobierno se posesiona, nace una esperanza. Es la esperanza de un país que cree en la fuerza de sus instituciones.

Jorge Enrique González Rojas