La construcción de “Cayzedo Vivo”, presentada como un pacto de gobernanza participativa para definir el futuro de la Plaza de Cayzedo, refleja una de las mayores paradojas del urbanismo contemporáneo en Cali. Durante nueve meses, la CCC, instituciones, comerciantes y algunos sectores ciudadanos participaron en talleres para imaginar el porvenir del principal espacio público de la ciudad. Sin embargo, el contraste entre ese ejercicio de planeación y la realidad cotidiana del centro histórico evidencia un problema de fondo: se construyen narrativas de modernización mientras se omiten las causas estructurales de su deterioro.

El urbanismo moderno no puede reducirse a metodologías participativas, talleres y documentos estratégicos. La ciudad se transforma cuando la planificación se traduce en autoridad, mantenimiento, inversión y recuperación efectiva del espacio público.

El centro histórico entre el discurso y el abandono

La Plaza de Cayzedo enfrenta una crisis visible que no puede ocultarse bajo nuevos conceptos de gobernanza. Durante cerca de 30 meses de gobierno del alcalde Eder, la presencia permanente en el Centro tutelar de Cali, de alrededor de 250 habitantes de calle, niños en situación de calle y familias indígenas provenientes del Pacífico evidencia la ausencia de una política social y urbana integral. A ello se suman su habitabilidad allí, problemas de convivencia, manejo inadecuado de residuos, deterioro del ornato y una ocupación irregular del espacio público. ¿Que se observa en horas del dia? ¿A que huele, el centro?

La música a alto volumen proveniente de establecimientos y eventos, en la misma plaza y por fuera de ella,  el deterioro de los andenes, la invasión de los corredores peatonales por comerciantes, el ejercicio de la prostitución y la acumulación constante de basuras deterioran la imagen del lugar donde nació Cali y afectan su función como patrimonio histórico y cultural.

Alcalde entender, que las consecuencias económicas también son profundas. Cerca del 20 % de los inmuebles del centro permanecen desocupados; el flujo de visitantes es aproximadamente la mitad del registrado antes de la pandemia, y las ventas ambulantes, tradicional indicador de la actividad comercial, también han disminuido alrededor del 20 %. El centro perdió interés,  competitividad, inversión y capacidad para generar empleo. Y diariamente un grupo de michileros extranjeros.

Modernizar exige gobernar

La recuperación del centro histórico no dependerá de nuevos eslóganes ni de pactos simbólicos. Requiere ejercer autoridad, garantizar seguridad, atender la problemática social de las poblaciones vulnerables, recuperar el espacio público, controlar el ruido, mejorar la infraestructura urbana y fortalecer la actividad económica.

La Plaza de Cayzedo necesita mucho más que una visión compartida: necesita una administración que convierta los diagnósticos en resultados. De lo contrario, “Cayzedo Vivo” corre el riesgo de convertirse en otro ejercicio de planeación que convive, sin resolverla, con la realidad del abandono del corazón histórico de Cali.

Redacción