La utilización de las elecciones para acceder al poder del Estado se ha deteriorado en la medida en que se utilizan para convalidar y legitimar aquellos gobiernos que tienden a alejarse de la aplicación de formas y procedimientos democráticos establecidos en las normas constitucionales y legales en que se fundamenta el Estado de Derecho, las cuales son reemplazadas por actos de gobierno arbitrarios e ilegales, con los cuales se violan flagrantemente derechos y libertades ciudadanas, tal como viene sucediendo por ejemplo, con la libertad de pensamiento, el derecho a la información veraz y objetiva y a la libertad de prensa y en general, a las manifestaciones de quienes de una u otra forma ejercen el derecho legítimo de oposición al régimen o al gobierno de turno.
Dicha práctica se vuelve más evidente en los períodos de elecciones y en aquellos momentos en que se presentan situaciones álgidas con ocasión de la agudización de las contradicciones y conflictos sociales.
Esta situación se presenta con mayor frecuencia con la concentración y centralización del poder en cabeza de los órganos ejecutivos y en particular en momentos en que se genera un deterioro y declive de la denominada democracia liberal, la cual se encuentra en un estado de crisis generalizada en varios países del mundo capitalista globalizado, al estilo de lo que sucede, por ejemplo, en los países del Norte y del Sur global.
Por otra parte, el régimen democrático está ligado con la existencia de partidos y movimientos políticos convertidos en verdaderas empresas electorales, sin ideología ni estrategias políticas, interesadas en cooptar la burocracia y participar en la contratación oficial de los Estados, en asocio de grandes empresarios y gremios de la producción que redujeron al Estado en un apéndice de dichas alianzas.
Ahora bien, en tratándose de las elecciones que culminarán con la escogencia en segunda vuelta del nuevo presidente de Colombia, independientemente de quien acceda a dicho cargo, ya sea en cabeza del candidato Iván Cepeda o de Abelardo De La Espriella, lo cierto es que, dadas las condiciones de polarización de la sociedad y del ambiente de pugnacidad y de violencia existentes, lo más probable, es que no sea posible garantizar la gobernabilidad y por tanto, resolver los graves problemas que en la actualidad aquejan al pueblo colombiano.
La pregunta que debe formularse en estas circunstancias es, cuánto tiempo más, tendrán que soportar los colombianos para superar esta situación calamitosa y de fragmentación de la sociedad.
El acontecer histórico y político no se desarrolla como una rueda suelta y menos, está determinado por los deseos y voluntad de los dirigentes políticos, que como sucede generalmente, han utilizado la política como trampolín para acceder al poder del Estado.
Si bien es cierto, la sociedad está condicionada por diversos factores y leyes sociales, también pueden presentarse diferentes posibilidades que permiten a las fuerzas democráticas y progresistas no estar siempre sujetas a una sola alternativa política y social, como las ofrecidas por los candidatos Abelardo De La Espriella e Iván Cepeda, ya que incluso, es posible romper el marco de las viejas relaciones económicas, políticas y sociales, mediante la lucha social producto de la unidad y organización de las clases y grupos sociales que hoy son objeto de la explotación económica del trabajo, la discriminación social y de género y la exclusión política de los asuntos del Estado y de la sociedad.