Las denuncias conocidas públicamente por medios de comunicación, ubican en el centro del debate al alcalde de Cali, Alejandro Eder Garcés, no solo por su condición de autoridad administrativa del Distrito, sino porque los hechos atribuidos a funcionarios de su gobierno habrían ocurrido dentro de la estructura bajo su dirección. Independientemente de las responsabilidades individuales que establezca la Procuraduria, existe una innegable responsabilidad política del mandatario sobre las actuaciones de sus subalternos. Si funcionarios de la Alcaldía participaron en actividades incompatibles con la neutralidad exigida por la Constitución y la ley, ello compromete la credibilidad de la administración distrital. En consecuencia, Alejandro Eder está llamado a explicar públicamente y ante el Concejo,  qué controles ejerció, qué instrucciones impartió y qué medidas adoptó para impedir que la administración municipal fuera involucrada en actuaciones que hoy son objeto de cuestionamientos e investigaciones.

Vulneración de los principios de moralidad e imparcialidad administrativa

Lo que está en discusión no es la conducta de determinados funcionarios, sino el funcionamiento del gobierno distrital del Alejandro Eder. Los hechos denunciados sugieren vulneraciones a los principios de moralidad, imparcialidad y transparencia que deben regir toda actuación administrativa. Si servidores públicos utilizaron sus cargos y  recursos institucionales en actuaciones ajenas al interés general, la responsabilidad política trasciende a quienes ejecutaron los actos y alcanza a la administración que permitió su ocurrencia. Por ello, la investigación del alcalde, el Concejo o la Procuraduría, deben determinar si existieron orientaciones, autorizaciones, omisiones de control o tolerancia institucional frente a conductas incompatibles con la función pública. El daño causado constituye una afectación directa a la legitimidad del gobierno y exige respuestas de la administración distrital. Caliescribe hizo su investigación y no tiene duda, que desde la alcaldía, se constriñó al elector, hubo intervención indebida en política, abuso de autoridad, utilización indebida del cargo público, acoso laboral, y faltas disciplinarias

Establecer responsabilidades individuales

Corresponde ahora al Concejo y/o Procuraduria, liderar las investigaciónes e  identificar el papel desempeñado por cada funcionario involucrado, el nivel de conocimiento que tuvieron los superiores jerárquicos y la eventual existencia de actuaciones coordinadas dentro de la estructura administrativa. El nombre de Alejandro Eder aparece necesariamente vinculado al proceso de esclarecimiento por su condición de jefe de la administración distrital, aunque cualquier responsabilidad jurídica deberá ser determinada por las autoridades competentes y con pleno respeto al debido proceso, al igual que con el secretario de deporte Alexander Camacho, los asesores, Milton Castrillon, Juana Cataño,  Gabriel Velasco o Mabel Lara. . La Procuraduría, la Fiscalía y los demás órganos de control tienen la obligación de establecer los hechos, individualizar responsabilidades y adoptar las medidas preventivas o sancionatorias que correspondan conforme a la ley.

Ex representante, Gloria Arizabaleta, desató crisis Institucional.

El Valle del Cauca espera que Gloria Arizabaleta explique con claridad cuáles fueron los fundamentos constitucionales y legales que la llevaron a adoptar una decisión que produjo la mayor controversia institucional de la semana. La orden de suspensión provisional contra el presidente Gustavo Petro fue calificada por numerosos sectores políticos, juristas y medios de comunicación como una actuación carente de competencia constitucional, pues la facultad de suspender a un jefe de Estado corresponde a instancias distintas dentro del procedimiento previsto por la CP. La gravedad del episodio no radica únicamente en el acto expedido, sino en el impacto que generó sobre la estabilidad institucional del país y la credibilidad de la Comisión de Acusaciones. Cali y el Valle tienen derecho a conocer qué motivó una determinación que terminó siendo objeto de investigación penal y suspensión disciplinaria.

¿Quién asume responsabilidad por el daño Institucional?

Más allá de las consecuencias jurídicas que definan los organismos competentes, subsiste una responsabilidad política que no puede eludirse. La decisión adoptada por Gloria Arizabaleta provocó un choque institucional de alcance nacional, generó incertidumbre sobre el funcionamiento de los poderes públicos y alimentó la polarización en medio de un proceso electoral decisivo para Colombia. La representante vallecaucana tiene el deber democrático de responder si actuó de manera individual, si consultó previamente a otros integrantes de la Comisión de Acusaciones o si existieron conceptos jurídicos que respaldaran una medida que posteriormente fue cuestionada desde distintos sectores ideológicos. La ciudadanía vallecaucana merece conocer toda la verdad sobre una actuación que colocó al Congreso en el centro de una tormenta política y constitucional sin precedentes recientes.

Cali espera respuestas claras…

El presidente Gustavo Petro calificó la decisión como una actuación contraria al orden constitucional y sostuvo que detrás de ella existían intereses políticos orientados a afectar el proceso electoral, acusándola de extorsionista. El ministro del Interior, Armando Benedetti, congresistas del oficialismo y de la oposición, así como diversos constitucionalistas, coincidieron en señalar que la presidenta de la Comisión de Acusaciones carecía de competencia para suspender por sí sola al jefe de Estado, pues una medida de esa naturaleza requería procedimientos y aprobaciones adicionales dentro del Congreso. Es decir que se burló de la CN y del código penal.

La Procuraduría señaló que la conducta de Arizabaleta podría constituir una “falta gravísima” y advirtió que los hechos investigados incluso podrían adecuarse al delito de prevaricato por acción, al haber expedido una decisión presuntamente contraria a la Constitución y a la ley. El organismo sostuvo que la suspensión presidencial debía pasar por la Comisión de Acusaciones, la Cámara de Representantes y el Senado, y no podía ser adoptada unilateralmente por una sola congresista.

El fracaso de Petro ante el magnicidio que estremeció a Colombia

Un año después del atentado que acabó con la vida de Miguel Uribe, las preguntas siguen sin respuestas: ¿cómo pudo ocurrir un magnicidio contra un candidato presidencial en pleno siglo XXI bajo la vigilancia del Estado colombiano? La tragedia no solo representa una derrota de los organismos de seguridad, sino un fracaso del gobierno de Petro, que llegó al poder prometiendo garantías, protección de la vida y una nueva era para la paz. Hoy, el balance es devastador: un dirigente de oposición asesinado, una nación profundamente dividida y millones de colombianos que sienten que el Estado les falló. La muerte del senador Uribe Turbay reabrió las heridas de los años oscuros de la violencia y dejó al gobierno enfrentando uno de los más graves cuestionamientos de legitimidad. Por ello , Caliescribe, le presentó al Presidente y sus ministros correspondiente, las preguntas pertinentes.

Ministros y funcionarios: Silencio sospechoso

La responsabilidad política no recae únicamente sobre el Presidente. Ministros, altos funcionarios, organismos de seguridad y entidades encargadas de la protección de dirigentes públicos deberán responder ante la historia por las fallas que permitieron que un candidato presidencial fuera atacado y posteriormente muriera. Mientras Colombia esperaba liderazgo, coordinación y resultados, el país observó contradicciones, disputas políticas y explicaciones insuficientes frente a un hecho que conmocionó a la democracia. La indignación ciudadana no proviene solamente del crimen, sino de la sensación de abandono institucional que dejó el caso. Un gobierno que hizo de la defensa de la vida su principal bandera termina su mandato enfrentando el juicio político de haber sido incapaz de evitar uno de los episodios más dolorosos de la democracia contemporánea colombiana, investigaciones que pueden subir a la cabeza de los organismos estatales.

La paz total derrotada por la realidad de la violencia

El asesinato de Miguel Uribe se convirtió para muchos sectores en el símbolo más dramático del fracaso de la política de “Paz Total”. Mientras el Gobierno insistía en diálogos, negociaciones y gestores de paz, el país presenció el fortalecimiento de estructuras armadas ilegales, el aumento de la inseguridad en numerosas regiones y el retorno del miedo a la violencia política. La paradoja resulta demoledora: el proyecto político que prometía cerrar definitivamente los ciclos de guerra terminó gobernando durante el asesinato de un aspirante presidencial, un hecho que Colombia creía superado desde finales del siglo pasado. La muerte de Miguel Uribe no es solo una tragedia humana y familiar; es también una derrota moral y política para un gobierno que prometió proteger la vida y que hoy deja como legado una de las páginas más dolorosas e inquietantes de la historia reciente del país.

Otros confidenciales

San Antonio: el proyecto que convirtió a Cali en una ciudad moderna

Hace cien años, en 1926, Cali tomó una de las decisiones más trascendentales de su historia: iniciar el diseño de la construcción de la Planta de San Antonio para garantizar agua potable a una ciudad que apenas iniciaba su expansión urbana. La planeación técnica, después la obra, liderada por el ingeniero George H. Bunker, permitió superar los precarios sistemas de abastecimiento y sentó las bases de la transformación sanitaria, económica y social de la capital vallecaucana. La gran noticia para Cali es que este centenario confirma que la ciudad nació a la modernidad gracias a una visión de largo plazo, proyecto que hoy sigue vigente. La Planta de San Antonio no solo llevó agua a los hogares, sino que abrió el camino para el crecimiento urbano hacia el oeste, el centro, el norte,  y el sur,  consolidó a Cali como la ciudad pionera de Colombia en infraestructura pública sanitaria.

EMCALI celebra un siglo del proyecto, que inspiró su creación

La conmemoración de los cien años del inicio de San Antonio también representa una noticia histórica para EMCALI. El éxito técnico, financiero y social de esta infraestructura demostró la necesidad de contar con una entidad especializada capaz de administrar, ampliar y proteger los servicios públicos de la ciudad. De esta manera, décadas después surgiría EMCALI como una de las empresas públicas más importantes de Colombia. El centenario permite recordar que la empresa nació sobre un legado de ingeniería, innovación y servicio ciudadano que convirtió el agua potable en motor de desarrollo. En momentos donde los servicios públicos enfrentan nuevos desafíos tecnológicos y ambientales, la historia de San Antonio reafirma que EMCALI posee una tradición institucional centenaria que a través del agua, la debe  proyectar,  como protagonista del futuro de Cali.

El centenario debe impulsar, nueva visión de futuro para Cali

La tercera gran noticia es que este aniversario no solo mira al pasado, sino que invita a recuperar la capacidad de ejecutar grandes proyectos estratégicos para la ciudad. Así como la Planta de San Antonio transformó a Cali en los finales de los  20s, hoy el reto consiste en impulsar nuevas obras de infraestructura, sostenibilidad y desarrollo tecnológico que respondan a las necesidades del siglo XXI, para las comunas que carecen de agua: La 1, la 20 y la 18. Y fácil, sin recursos económicos , sin con gimnasia técnica y financiera.

El centenario demuestra que las grandes transformaciones urbanas son posibles cuando existe liderazgo, planeación y visión colectiva. La experiencia de San Antonio recuerda que las decisiones audaces de los 3 alcaldes, 1925 – 1932,  pueden cambiar el destino de una ciudad durante generaciones. Cien años después, Cali tiene la oportunidad de inspirarse en ese legado para construir una nueva etapa de crecimiento, competitividad y bienestar para todos sus ciudadanos.

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