El desorden en cualquier ciudad, en cualquier parte, en su organización o con equivocadas alteraciones a la misma, tanto en su emplazamiento en conjunto, como en el de sus diferentes artefactos, habitantes, actividades y gobiernos, mucho influye en sus principales problemas, como son principalmente los relativos a su seguridad, movilidad, tranquilidad, civismo y estética; tal como es el lamentable caso actual de Cali, la que ya en la tercera década del siglo XXI es casi que caótica en muchos de dichos aspectos mencionados.
El desorden en el emplazamiento sucesivo de esta ciudad, en rápido crecimiento desde inicios del siglo XX, genera actualmente preocupantes problemas relativos a su seguridad, en tanto amenazas naturales, daños ocasionales por falta de mantenimiento, como también a la delincuencia común; y problemas de movilidad en tanto el lento e incómodo desplazamiento de personas y mercancías por la ciudad, y la caótica generación de diversos medios de transporte como resultado de dicho desorden, y cada vez hay más motos.
La irregularidad de los muchos y muy diferentes artefactos urbano arquitectónicos de la ciudad física, como lo son sus diversas casas y edificios, calles, plazas, parques y zonas verdes, junto con la demolición de mucho patrimonio inmueble de interés cultural, BIC, daña la estética inicial de sus diferentes barrios, ya sean estos tradicionales o nuevos, al alterar lo que era lo convencional en ellos. Anormalidad que se refiere a todo aquello que se sale de la norma general y suele ser considerado como irregularidad, rareza o defecto.
La mezcolanza cultural de los recién llegados habitantes de Cali, y en especial su carencia de educación cívica, interfiere con la tranquilidad en las viviendas de los otros, al producir molesto ruido ajeno, invadir los andenes con carros y motos e irrespetar la privacidad. Es el comportamiento respetuoso, responsable y solidario de los ciudadanos con las normas de convivencia pública, la tolerancia, el respeto por las leyes, las instituciones y el prójimo, siendo fundamental para mantener una armonía social y construir una comunidad pacífica.
Los laberintos formados espontáneamente cada vez más en muchas calles, encrucijadas y cruces viales, más el deplorable comportamiento de los que transitan por la ciudad, ya sea caminando, en moto o en un carro, y la anarquía de las diversas actividades que llevan a cabo en ella, incluyendo vendedores ambulantes, son cada vez más frecuentes en Cali. Enredos urbanos que originan problemas de movilidad, tranquilidad y disfrute de sus espacios urbanos públicos, como lo son sus calles, avenidas, paseos, plazas, parques y zonas verdes.
El ineficiente gobierno de la ciudad, generalizado aquí desde hace varias décadas, impide el deseado y necesario manejo de la ciudad; ineficiente gobierno que poco puede hacer por la seguridad en la ciudad respecto a la delincuencia y la corrupción; que poco puede mejorar la movilidad; que poco aporta a la tranquilidad de los habitantes al controlar el uso y ocupación del suelo; ni puede mejorar el civismo de todos; ni favorecer una estética urbana relativa a los componentes visuales, funcionales y sociales de los espacios públicos en la ciudad.
Lograr orden en Cali, en tanto la correcta disposición, arreglo o secuencia de sus emplazamientos, artefactos, habitantes, actividades, debería ser el propósito de todos sus habitantes en toda la ciudad. Pero para lo cual desde luego es imprescindible su adecuada planificación a largo plazo, incluyendo su urbanismo, paisajismo, arquitectura y mobiliario urbano, y al mismo tiempo su economía, sociología y educación, conformando todos juntos una cultura. Un orden generalizado y continuo, que llevaría a una mejor ciudad y ya sin tantos problemas.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.