Lo indicado para las próximas elecciones sería identificar los problemas prioritarios en los que coinciden los diferentes candidatos, estudiar sus propuestas al respecto, y entonces analizar las posibilidades de llevarlas a cabo; pero como difícilmente cada ciudadano lo realice por su cuenta, mucho ayudaría que los medios lo hicieran mediante entrevistas a los candidatos, analizando sus respuestas y dando a conocer sus conclusiones asesorados por conocedores de los temas respectivos. Los problemas más mencionados son la inseguridad y la violencia, la corrupción, las desigualdades socioeconómicas, el acceso a la educación y los servicios, los económicos, la infraestructura y el narcotráfico; a los que hay que agregar el cambio climático del que poco opinan.

         Por ejemplo, respecto a la violencia en el país, problema en el que seguro la mayoría de los candidatos coincidirán, y que incluye desde las narcoguerrillas hasta la doméstica pasando por la ocasionada por la delincuencia común, cuáles son las soluciones que proponen, y cuáles las posibilidades políticas, económicas y sociales de llevarlas a cabo; o, por lo contrario, cuáles son los problemas políticos, económicos y sociales que impiden la solución de los problemas más acuciantes, y en consecuencia que proponen al respecto. Lo que deja en claro que la política igualmente debería ser un problema prioritario -el primero de ellos- para que, en tanto la solución de los problemas, no lleve a su polarización generando más violencia.

         Las propuestas para evitar la polarización de la política son fundamentales, y por lo tanto las posibilidades de llevarlas a cabo pasan a ser decisivas -desde la izquierda hasta la derecha pasando por el centro- lo que lleva a pensar que justamente allí reside la dificultad de las soluciones, ya que no permite analizar los problemas económicos y sociales en sí mismos, sino viéndolos apenas desde sus perspectivas ideológicas y no verdaderamente políticas. Lo que invita a pensar que, en lugar de multiplicarse las agrupaciones partidistas, que no verdaderos partidos, lo mejor sería que estos desaparecieran y solo quedaran los ciudadanos propiamente dichos, los que se agruparían temporalmente de acuerdo con las circunstancias.

         Pero ahora son tantos los ciudadanos, a diferencia de la antigua Grecia cuando surge la democracia en sus muy pequeñas ciudades-estado- que no les queda más remedio que agruparse en partidos; pero lo deseable es que no lo fueran impulsados por ideologías políticas, sino por sus coincidencias culturales, las que por supuesto incluyen lo político, económico y social. Serían unas pocas organizaciones ciudadanas permanentes conformadas por personas con ideas afines para participar en la democracia, al facilitar la voluntad popular, y su acceso al poder público a través de elecciones, a partir de analizar las posibilidades de las propuestas de los distintos posibles candidatos, para solucionar problemas comunes a casi todos los habitantes.

         Sería recuperar la democracia a través de elegir candidatos a partir de sus propuestas concretas, y que estas sean posibles, factibles y realizables, considerando sus circunstancias y recursos, como que su beneficio sea para la mayoría de los habitantes del país; es decir, los que residen en sus ciudades o en sus campos, ya sea de forma permanente o temporal. Una democracia en la que las diferencias políticas, económicas y sociales sean cada vez menores, integrando una sola cultura general, gracias a una pertinente educación; justamente en lo que reside la comprensión de dichas diferencias y de muchos otros problemas, principiando por entenderlos para poder juzgar las propuestas para solucionarlos y por tanto las posibilidades de estas.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.