El primer año del nuevo gobierno de Donald Trump confirmó un giro claro en la política internacional de Estados Unidos. Con el control de la Casa Blanca y la preservación de mayorías dentro del Partido Republicano, la administración contó con margen político suficiente para ejecutar una agenda coherente, orientada a priorizar el interés nacional por encima de los compromisos multilaterales tradicionales. El país dejó de actuar como garante del orden global para convertirse en su principal agente de cambio.
El primer año mostró una estrategia definida: fortalecer la economía interna, recuperar capacidad industrial, condicionar alianzas y utilizar el poder político, económico y financiero como eje central de la política exterior. Este enfoque permite calificar el periodo como el inicio de una disrupción sistémica, cuyos efectos se proyectan hacia 2026.
Doce hechos que reflejan “Estados Unidos primero”
- Crecimiento económico sostenido
La economía estadounidense mantuvo un crecimiento cercano al 2,5–3 % anual, apoyado en consumo interno, inversión privada y gasto en infraestructura estratégica, en contraste con la desaceleración de Europa y Asia.
Tres grandes inversiones privadas en inteligencia artificial
- Proyecto Stargate (OpenAI–Oracle–SoftBank–MGX): compromiso de hasta US$500.000 millones en infraestructura de IA entre 2025 y 2029.
- Contrato OpenAI–Oracle: aproximadamente US$300.000 millones en capacidad de cómputo y centros de datos en territorio estadounidense.
- Expansión Nvidia y socios tecnológicos: inversiones cercanas a US$100.000 millones en hardware avanzado, centros de datos y sistemas de entrenamiento de IA.
- Reindustrialización y relocalización productiva
Grandes empresas tecnológicas y manufactureras concentraron inversión dentro de EE. UU., reforzando cadenas de suministro críticas y reduciendo dependencia externa.
- Autosuficiencia energética como política de Estado
Estados Unidos consolidó su posición como uno de los mayores productores mundiales de petróleo y gas, reduciendo vulnerabilidades externas, fortaleciendo su balanza comercial y proyectando mejorar su producción de energía nuclear con Eslovaquia, Corea del Sur, Polonia, Hungria y Japon.
- Uso activo de aranceles y política comercial selectiva
Armó un modelo mundial, de análisis y amenazas de aranceles, se aplicaron focalizados para proteger sectores estratégicos, especialmente frente a China, priorizando empleo e industria nacional. Y como arma politica
- Presión directa sobre aliados de la OTAN
El gobierno exigió mayores aportes financieros a los socios europeos, trasladando costos de seguridad y reforzando la lógica de corresponsabilidad.. Y lo logró
- Venezuela
Se reactivaron sanciones energéticas y financieras contra el régimen de Nicolás Maduro, limitando exportaciones petroleras y restringiendo el acceso a mercados internacionales, con impacto directo sobre los ingresos del Estado venezolano. Lo capturó y está coadministrando el país, para que ganen los venezolanos.
- Relación pragmática con Rusia
La política hacia Moscú priorizó la estabilidad estratégica y la negociación directa, reduciendo el enfoque ideológico y generando ajustes en la política europea. Rusia respetó su intervención en Venezuela y la amenaza a Cuba
- Redefinición de la política migratoria
Ha deportado más de 500.000 personas en 1 año y han salido, sin documentos mas de 1 millon de personas. Se fortalecieron controles fronterizos y mecanismos de presión diplomática sobre países de tránsito, utilizando la migración como herramienta de negociación regional.
- Medio Oriente basado en intereses concretos
Estados Unidos redujo compromisos de largo plazo y concentró su acción en seguridad, protección de aliados clave y estabilidad energética. Logró la paz en Gaza, apoyando a Israel, en una guerra cruenta.
- Uso del dólar y las sanciones financieras como instrumento central
El sistema financiero estadounidense siguió siendo la principal herramienta de presión geopolítica, reforzando el poder estructural de Washington.
- Centralización de la política exterior en la presidencia
Las decisiones estratégicas se tomaron desde la Casa Blanca, reduciendo la intermediación burocrática y acelerando la ejecución de la agenda internacional.
En conjunto, estos hechos muestran una política exterior orientada a resultados medibles, con prioridad en crecimiento interno, poder económico y control estratégico.
Los retos de 2026: un tablero global en reconfiguración
De cara a 2026, el principal desafío no será iniciar la disrupción, sino administrar sus consecuencias. La fragmentación del comercio global, el fortalecimiento de bloques alternativos y la respuesta de potencias como China y la Unión Europea obligarán a Estados Unidos a combinar presión con negociación selectiva.
El reto será sostener el crecimiento económico, evitar escaladas comerciales prolongadas y mantener la ventaja tecnológica lograda en inteligencia artificial y sectores estratégicos. Para regiones como América Latina, el nuevo escenario implicará mayores oportunidades de inversión, pero también exigencias más estrictas de alineamiento político y económico.
En balance, el primer año confirmó que Estados Unidos dejó de actuar como árbitro del sistema internacional para convertirse en su principal agente de cambio. Más que una anomalía, este enfoque marca una etapa en la que el poder se ejerce de forma directa y transaccional. El 2026 será el año en que se mida hasta dónde esta disrupción redefine, de manera duradera, el orden global.

