En Cali, la gestión del riesgo en salud se ha convertido en un eje clave para el funcionamiento de las EPS y las IPS. Más allá de la atención de la enfermedad, el enfoque actual busca anticiparse a los eventos críticos, reducir complicaciones y optimizar los recursos del sistema, en un contexto marcado por presiones financieras, aumento de enfermedades crónicas y una alta demanda de servicios.
Durante los últimos dos años, las EPS que operan en Cali han fortalecido los modelos de gestión del riesgo poblacional, con énfasis en la identificación temprana de pacientes con condiciones crónicas como hipertensión, diabetes, enfermedad renal, cáncer y trastornos mentales. El uso de bases de datos clínicas, historias médicas electrónicas y reportes epidemiológicos ha permitido clasificar a los usuarios según su nivel de riesgo y priorizar intervenciones.
En varias IPS de la ciudad, especialmente clínicas y hospitales de mediana y alta complejidad, se han implementado rutas integrales de atención. Estas rutas articulan consulta externa, laboratorio, imágenes diagnósticas, medicamentos y seguimiento clínico, con el objetivo de evitar descompensaciones que terminen en urgencias o hospitalizaciones prolongadas. En el caso de pacientes con enfermedades cardiovasculares y respiratorias, se han fortalecido los programas de control periódico y adherencia a tratamientos.
Otra experiencia relevante ha sido el impulso a la atención primaria en salud como puerta de entrada al sistema. En comunas con alta carga de enfermedad, algunas EPS han reforzado equipos extramurales, visitas domiciliarias y seguimiento telefónico, especialmente en adultos mayores y pacientes con movilidad reducida. Este modelo ha mostrado resultados en la disminución de reingresos hospitalarios evitables y en la detección temprana de alertas clínicas.
La gestión del riesgo también ha avanzado en el ámbito institucional. Las IPS de Cali han trabajado en la identificación de riesgos asistenciales, como infecciones asociadas a la atención en salud, eventos adversos, errores de medicación y fallas en la seguridad del paciente. A través de comités internos, auditorías clínicas y protocolos estandarizados, se ha buscado reducir estos eventos y mejorar la calidad del servicio.
En el componente financiero y administrativo, las EPS han intensificado el control de la siniestralidad y el uso racional de servicios. Esto incluye auditorías concurrentes, revisión de pertinencia médica y promoción de tratamientos basados en guías clínicas. Aunque este aspecto ha generado tensiones con usuarios y prestadores, hace parte del intento por mantener la sostenibilidad del sistema.
En Cali, la articulación con la Secretaría de Salud Distrital ha sido clave. Desde esta entidad se coordinan acciones de vigilancia epidemiológica, seguimiento a brotes, control de enfermedades transmisibles y acompañamiento a las EPS e IPS en planes de mejoramiento. En los últimos dos años, este trabajo conjunto ha sido visible en la respuesta frente a enfermedades respiratorias, dengue y otros eventos de interés en salud pública.
Para los ciudadanos que requieren apoyo o información, existen varios caminos para solicitar ayuda. El primer paso es acudir a la EPS a la que se esté afiliado, específicamente a los programas de promoción y prevención o de atención a pacientes crónicos. Allí se puede solicitar la inclusión en programas de gestión del riesgo, controles periódicos o seguimiento especializado.
Si la respuesta no es oportuna o adecuada, los usuarios pueden acudir a las oficinas de atención al usuario de la Secretaría de Salud Distrital de Cali, donde se reciben quejas, solicitudes y se orienta sobre rutas de acceso. También es posible presentar peticiones, quejas o reclamos formales a través de los canales virtuales de la EPS o ante la Superintendencia Nacional de Salud.
En un sistema tensionado, la gestión del riesgo se ha convertido en una herramienta central para mejorar resultados en salud y optimizar recursos. En Cali, las experiencias recientes muestran avances desiguales, pero también una apuesta clara por anticiparse a la enfermedad, fortalecer la atención primaria y reducir eventos evitables. El reto sigue siendo que estas estrategias se traduzcan en una atención más oportuna y efectiva para todos los usuarios.