La salud ocupacional y la gestión de riesgos laborales se han convertido en un tema clave en Cali, no solo para las grandes empresas, sino también para pequeñas unidades productivas, trabajadores independientes y entidades públicas. En una ciudad con alta informalidad laboral, sectores industriales diversos y una creciente economía de servicios, la prevención de accidentes y enfermedades relacionadas con el trabajo ha tomado mayor relevancia en los últimos años.

Durante los últimos dos años, Cali ha fortalecido acciones relacionadas con la promoción de entornos laborales más seguros, principalmente a través de la articulación entre la Secretaría de Salud Pública Distrital, las Administradoras de Riesgos Laborales (ARL), las EPS, las cajas de compensación y los comités paritarios de seguridad y salud en el trabajo. Estas acciones se han enfocado en capacitación, vigilancia epidemiológica, acompañamiento técnico y control del cumplimiento normativo.

Uno de los avances más visibles ha sido el incremento de jornadas de capacitación en barrios y zonas industriales, dirigidas tanto a empleadores como a trabajadores. En sectores como la construcción, el comercio, el transporte y los servicios generales, se han desarrollado talleres sobre prevención de caídas, manipulación de cargas, riesgos eléctricos, pausas activas y salud mental en el trabajo. Estas actividades han sido impulsadas principalmente por las ARL, con apoyo del Distrito, y han permitido llegar a empresas que antes no contaban con programas formales de seguridad y salud en el trabajo.

Otro aspecto relevante ha sido el fortalecimiento de la vigilancia de enfermedades laborales. En los últimos dos años se ha observado un mayor reporte de casos asociados a trastornos musculoesqueléticos, estrés laboral y enfermedades respiratorias, especialmente en actividades que implican jornadas prolongadas, posturas inadecuadas o exposición a contaminantes. Este seguimiento ha permitido mejorar la detección temprana y orientar acciones preventivas en empresas y entidades públicas.

También se han desarrollado experiencias enfocadas en la salud mental y el riesgo psicosocial, un tema que tomó fuerza después de la pandemia. En Cali se han promovido evaluaciones de carga laboral, liderazgo y clima organizacional, así como estrategias para prevenir el agotamiento y el acoso laboral. Aunque aún existen vacíos, estas iniciativas han abierto la discusión sobre condiciones de trabajo más humanas y sostenibles.

En cuanto a la informalidad, uno de los mayores retos de la ciudad, se han realizado esfuerzos para acercar información básica de prevención a trabajadores independientes, vendedores informales y pequeños negocios familiares. Si bien estos grupos no siempre cuentan con afiliación al sistema de riesgos laborales, algunas campañas han buscado sensibilizar sobre el autocuidado, el uso de elementos de protección personal y la identificación de riesgos en actividades cotidianas.

Para quienes necesitan pedir ayuda o acceder a orientación en salud ocupacional en Cali, existen varias rutas claras. Los trabajadores formales deben acudir primero a su empleador y a la ARL a la que estén afiliados. Las ARL están obligadas a brindar asesoría técnica, capacitaciones, investigaciones de accidentes de trabajo y acompañamiento en la implementación del Sistema de Gestión de Seguridad y Salud en el Trabajo.

En el caso de los trabajadores independientes, es posible afiliarse voluntariamente a una ARL y así acceder a cobertura frente a accidentes y enfermedades laborales. Esta afiliación se puede realizar a través de operadores autorizados o directamente con algunas ARL que operan en la ciudad.

Cuando se presentan situaciones de riesgo grave, incumplimientos o accidentes, también se puede acudir a la Secretaría de Salud Pública de Cali, que cuenta con programas de inspección, vigilancia y control. A través de sus canales de atención, se pueden recibir orientaciones o iniciar procesos de verificación en los lugares de trabajo.

La experiencia reciente en Cali muestra que la salud ocupacional no es solo un requisito legal, sino una herramienta clave para mejorar la calidad de vida laboral y reducir costos sociales y económicos asociados a accidentes y enfermedades. El reto sigue siendo ampliar la cobertura, especialmente en el trabajo informal, y consolidar una cultura preventiva que entienda que cuidar al trabajador también es una forma de desarrollo para la ciudad.

 

Ana Lucia Arango M