La evolución natural de la vida económica y social está sujeta a reveses que no siempre pueden evitarse en medio de los constantes cambios que se presentan en la sociedad en donde la ley de la oferta y la demanda actúa espontáneamente determinando muchas veces el rumbo de la economía, aún en aquellos casos en que se utilizan los recursos de la planeación estratégica a corto y mediano plazo.

Tratándose por ejemplo de la exploración y explotación del petróleo, queda claro que las épocas doradas de ECOPETROL quedaron atrás como lo demuestra la caída del 32% de sus utilidades lo cual viene determinado en términos generales por la baja de las cotizaciones de las acciones en el mercado, perspectiva ésta que también se aplica para todos aquellos productos como el carbón, el níquel y los de carácter agropecuario, cuyo costo podría caer según las proyecciones realizadas por algunos estudiosos en economía, lo cual generará beneficios para aquellos países importadores de alimentos y de ninguna manera para otros países que exportan dichos bienes.

A lo anterior se suman las presiones expansionistas ejercidas por el gran capital monopolista que intervienen en el mercado en donde imponen los precios de los productos, bienes y servicios que son objeto del intercambio comercial y que finalmente afectan a los consumidores.

En estas condiciones el país quedará expuesto al rigor de tales cambios afectándose la balanza comercial y de pagos lo cual conduce a su desequilibrio casi permanente, circunstancia esta agravada en la medida en que aumenta la dependencia económica de otros países, en donde avanzan los procesos de modernización de su producción industrial y se utilizan las nuevas tecnologías con la aplicación de la inteligencia artificial -IA-, para afrontar los retos que se presentan en tiempos de crisis y desaceleración de la economía.

En cuanto al futuro inmediato de Colombia y en el campo de lo imprevisto, éste resulta muy amplio debido al recrudecimiento de la violencia que se extiende a varias regiones y ciudades, como igualmente al cambio climático y a las tensiones políticas que se presentan en el país a propósito de la campaña electoral y a la actitud asumida por el presidente Petro frente al gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica, lo cual podría traer varias consecuencias de carácter económico y comercial para nuestro país.

Existe una tendencia decreciente del desarrollo económico y social que los organismos internacionales como la ONU vienen registrando en todo el mundo capitalista globalizado. Esta situación comenzó a reflejarse en países como China en donde grandes empresas empiezan a desplazarse a otras regiones en la medida en que sus ingresos disminuyen como consecuencia del decaimiento de su economía que antes crecía entre el 11 y el 12% anual y en la actualidad, escasamente lega al 6 y 7% anual. Esto se repite en otros países de Europa e incluso en USA considerada como la primera economía del mundo capitalista y, desde luego en América Latina en donde también resulta cada vez más evidente dicho proceso no obstante algunos avances y retrocesos en materia económica y social.

Para algunos politólogos el mundo capitalista ha entrado en una etapa de “policrisis”, que podría desembocar en un estancamiento y desestabilización del sistema agravándose con ello los problemas económicos, financieros, monetarios, fiscales, además de los causados por los cambios climáticos, las migraciones y el auge de los movimientos nacionalistas y populistas, que según se dice generan un clima de tensión y de violencia e inseguridad jurídica que conspiran contra el Estado de Derecho y las instituciones de la democracia liberal.

A lo anterior se suma la guerra comercial desatada por el presidente Trump con la imposición de un nuevo régimen arancelario con el cual busca imponerle un límite a la competencia extranjera, que por lo demás traerá un alza en los precios de los productos, bienes y servicios a los consumidores.

El decrecimiento económico se encuentra ligado a la existencia de las viejas y desuetas relaciones económicas sobre las cuales se construyen las relaciones políticas, sociales e ideológicas y culturales, convirtiéndose en un freno del desarrollo y del progreso de la sociedad que difícilmente pueden superarse sino se sustituyen dichas relaciones por otras de carácter progresista y revolucionario que marquen el ascenso de la sociedad a un nivel de desarrollo que por supuesto no esta exento de retrocesos que conducen a que en ciertos casos las fuerzas del progreso se detengan o avancen muy lentamente en virtud de diversos factores que se oponen a su progreso.

Serán las fuerzas democráticas y progresistas las que mediante la lucha social y política prosigan con el cambio y transformación y determinen de alguna manera el futuro de una sociedad que debe empezar a cambiar a  partir del presente.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

El Control Ciudadano Sobre la Gestión Pública es Condición Indispensable para el Ejercicio de la Democracia y la Convivencia Social