Con alguna frecuencia se afirma por parte del gobierno distrital que la situación económica y social de los caleños está cambiando o ha mejorado gracias a los esfuerzos de las autoridades encargadas de reducir los índices de pobreza y desigualdad en Cali, mediante el otorgamiento de subsidios para la educación, salud, vivienda, transporte, servicios públicos, etcétera, circunstancia que sin embargo, no les permite a los caleños salir del todo de la pobreza en que se encuentran, particularmente quienes viven en la zona rural de la ciudad.

La nueva cara de la pobreza y de la desigualdad social en Cali adquiere un nuevo contenido en la medida en que crece y se desarrolla la denominada economía de los servicios, particularmente relacionada con el turismo.

Los gobernantes de turno se valen de las estadísticas que se realizan con alguna frecuencia  con las cuales tratan de demostrar que gracias a la implementación de sus políticas sociales y de fomento del empleo, se ha logrado bajar sustancialmente los índices de pobreza y desigualdad social, con la creación por ejemplo, de nuevos puestos de trabajo, tal como sucede en la ciudad de Cali con la creación por parte de la administración del alcalde Eder de más de 15.000 prestadores de servicios –PS-, vinculados con contratos de trabajo a término fijo que no les garantiza estabilidad laboral y con lo cual no se modifica sustancialmente su condición económica como tampoco las tasas de desempleo y de informalidad de la ciudad.

Las políticas sociales del actual mandatario poco o nada han contribuido a resolver de fondo los problemas derivados de la pobreza que padecen los caleños, más allá de convertir estas políticas en una actividad mendicante y clientelista, que conduce a una mayor dependencia de sus beneficiarios respecto del gobierno de turno. Y de ahí que la preocupación de los gobiernos de reducir la pobreza y la desigualdad social se convierta de cierta manera en un sofisma de distracción, entretanto se acumulan los problemas de la ciudad y la dirigencia local hoy distrital, no atiende el clamor ciudadano que exige que se busquen soluciones reales y concretas a los crecientes problemas de la ciudad, más allá de empeñarse en privilegiar la actividad relacionada con la economía de los servicios con la construcción de infraestructuras turísticas, con las cuales el alcalde Eder se deslumbra con el brillo de las luces de los espectáculos y el “lleno” de los hoteles, restaurantes, gastrobares y todo tipo de eventos “recreativos”, a partir de los cuales se inflan las estadísticas para tratar de demostrar que el empleo ha crecido en Cali, cuando en realidad se trata de un efecto temporal en la ciudad durante ciertas épocas del año.

Es necesario señalar, que el problema de la pobreza y la desigualdad social en la ciudad no se puede resolver como si fuera un asunto más , sin caer en posiciones ideológicas y subjetivas con las cuales se crea una visión aparente de nuestra realidad utilizada por los gobernantes de turno para encubrir lo innegable en este caso, la pobreza y desigualdad en una proporción mayor al aumento del trabajo formal e informal, con respecto al aumento desbordado de la población caleña que hoy ocupa los barrios populares y los asentamientos irregulares que contrastan con los lujosos apartamentos y complejos residenciales que se construyen en toda el área de la ciudad, habitados por sectores exclusivos de la población que marcan en la práctica social una gran diferencia en materia de pobreza y desigualdad social, en una urbe que decae en medio de la opulencia de unos pocos.

Luz Betty Jiménez De Borrero / Pablo A. Borrero V.

Veeduría Ciudadana por La Democracia y La Convivencia Social

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