Las confrontaciones entre los Estados y las clases sociales tienden a intensificarse en el mundo capitalista globalizado con la agudización de las contradicciones y conflictos de toda índole, los cuales se han extendido a varios países con graves consecuencias para la vida económica, política y social de los pueblos.
En la actualidad las confrontaciones y conflictos en general han adquirido una forma cada vez más violenta y destructiva, tal como ha sucedido con la guerra entre el Estado de Israel y el grupo Islámico de Hamas en el Cercano Oriente y con la actual guerra entre Rusia y Ucrania en los límites fronterizos con Europa, además de pasar por el desenlace que se espera con la intervención de los Estados Unidos de Norteamérica en proximidades a la frontera de Venezuela y frente a las pretensiones de China de invadir a Taiwan, en tanto se acrecienta la actitud hostil de Corea del Norte con sus vecinos del continente asiático, generándose con todo esto un clima de tensión y confrontación que amenaza con extenderse poniendo en riesgo la seguridad del planeta.
A lo anterior se suma la inestabilidad política que se vive en Europa y en este caso con los países de América Latina agravados con el peso de la dependencia económica del gran capital financiero nacional e internacional y el abandono de sus gobernantes de las formas y procedimientos de la democracia liberal sustituidos por métodos autoritarios de gobierno en el tratamiento de los asuntos del Estado y de la sociedad.
Así mismo, la guerra comercial desatada por el presidente Trump que ha traspasado las fronteras de varios de los países capitalistas generando graves impactos económicos y sociales que se verán reflejados de alguna manera en el alza de los precios de los productos, bienes y servicios que se ofrecen en el mercado.
Por otra parte, la situación ambiental y social con el cambio climático y el envejecimiento de la población mundial correlativa a la disminución de su tasa de crecimiento nos hace pensar en el destino y supervivencia de los seres humanos en el presente y futuro de una sociedad en crisis a partir del declive del sistema capitalista en general, cuyo crecimiento económico es cada vez menor y las posibilidades de lograr el mejoramiento de las condiciones económicas y sociales de la población, se alejan una vez más de la realidad, caracterizada por el incremento de la desigualdad social y de la pobreza en todas sus formas y expresiones económicas, políticas y sociales.
Por supuesto que Colombia no es ajena a dicha problemática agravada con una economía capitalista dependiente de otras economías desarrolladas, cuyo afán de lucro no parece tener límites con la apropiación de nuestras riquezas naturales y la explotación económica del trabajo de miles de trabajadores que laboran en diferentes actividades materiales e intelectuales y que de alguna manera temen perder sus puestos de trabajo en la medida en que son reemplazados por las nuevas formas y procedimientos de la inteligencia artificial y de las novedosas tecnologías.
La actual coyuntura política electoral en el país entre los precandidatos a la presidencia de la república y a ocupar curules en el Congreso, no tiene otro propósito que el de acceder o mantenerse en el poder del Estado sin que con ello se introduzcan los cambios que requiere el país, más allá de lo que ofrecen los grupos políticos tradicionales de derecha o de la izquierda radical.
La liberación de los colombianos de la explotación del trabajo, la discriminación social, racial y de género y la exclusión política, no podrán ser erradicados sino se modifican de una parte, las condiciones económicas materiales en que viven los colombianos y de la otra, no se intensifica la lucha política de las fuerzas democráticas y progresistas por el acceso al poder del Estado para desde allí realizar los cambios y transformaciones que demanda el pueblo, acciones estas orientadas y dirigidas a construir una nueva realidad social, que implica que el cambio social no constituye un asunto coyuntural producto de un puñado de conjurados desligados del pueblo o que actúan por encargo en representación de determinados intereses de clase, grupo social o individual.