Insistiendo en lo ya analizado y repetido en esta columna y en ¿Ciudad? de El País, de Cali, pero bastante resumido y de manera mucho más sencilla, se sugiere que una arquitectura actual, y su enseñanza, se debe pensar a partir de su emplazamiento, función, construcción y forma, como lo dijo Vitruvius hace más de dos mil años, pero con unas connotaciones actuales, lo que define el método de proyectacion pertinente.

         Emplazamiento: este limita las funciones, ya sea en el campo, en el plan, ladera o montaña; pero mucho más en la ciudad ya sea en una calle, avenida, paseo, plaza, parque o zona verde, y según las características del suelo mismo exige cierto tipo de construcción, y ciertos materiales y componentes. Emplazamiento al que se debe aplicar una arquitectura regenerativa procurando reutilizar todo lo que en cada lote existe y con mayor razón si ya hay una construcción reutilizable, ya sean sus espacios, remodelándolos, o reutilizando sus componentes constructivos.

         Función: junto con el emplazamiento, esta determina la forma y las posibilidades futuras de reformas necesarias; o incluso para destinar la edificación a otros usos, lo que es de crucial importancia ya que las edificaciones suelen durar más que los usos a lo que fueron destinadas inicialmente, y evitar así su inconveniente demolición. Es decir, aplicar una arquitectura reutilizable previendo desde el inicio de su proyecto cómo se puede ocupar y amoblar de diversas maneras; y para que otras funciones se podría destinar con el mínimo de cambios.

         Construcción: depende básicamente del emplazamiento y la función, ya sea su sistema estructural como también sus diversos suelos, divisiones, entresuelos, cerramientos y cubiertas; y desde luego de los materiales, componentes y elementos que sean más accesibles y económicos en cada sitio. Se trata además de una arquitectura resistente a amenazas como incendios, temblores, vendavales e inundaciones, como también a su mal uso; que sea de buen envejecimiento y fácil y económica de mantener; y de menor consumo de agua y energía.

         Forma: es el resultado de todo lo anterior en tanto emplazamiento, función y construcción; de las tradiciones arquitectónicas de cada lugar, más no solo las de sus formas; y del método de proyectacion que cada arquitecto asuma responsablemente para cada caso, y por supuesto su voluntad de forma. Sería una arquitectura regionalista que al reinterpretar lo más destacado y adecuado de lo más tradicional en cada región, contribuir a continuar, potenciándola, la imagen que la caracteriza e identifica.

         Proyecto: puede ser principalmente tipológico, siguiendo las pautas existentes más indicadas para cada caso; o analógico reinterpretando ejemplos reconocidos y pertinentes al que se va a realizar; pero siempre con algunos cánones a cumplir, ya sean de emplazamiento, función, construcción o forma, tanto en relación con su entorno como de frente al cambio climático, O sea una arquitectura responsable dependiente de cómo se interpretan dichos tipos, ejemplo y cánones, técnica y artísticamente.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.