La visita de Juan Manuel Santos a Cali en la semana de la biodiversidad resulta una provocación a la memoria crítica del país. Habla de naturaleza, pero su gobierno fue nefasto para el control ambiental. Tras 8 años en el poder, dejó una Colombia más deforestada, contaminada y sometida al avance de las economías ilegales del narcotráfico,  que arrasan nuestros ecosistemas.

El pueblo colombiano rechazó en las urnas el acuerdo de paz con las FARC. Sin embargo, Santos ignoró el resultado del plebiscito y, con maniobras en el Congreso, lo elevó al bloque de constitucionalidad. Esa decisión no solo vulneró la voluntad popular, también abrió un escenario más peligroso: territorios semiliberados de la guerrilla pero abandonados por el Estado, convertidos en botín para disidencias, narcotraficantes y mineros ilegales. El resultado fue devastador: más coca, más tala, más deforestación, más mercurio en los ríos y, en consecuencia, más daño ambiental.

Los episodios de contaminación, como el derrame en Tumaco, evidencian la fragilidad de su política. Los pasivos ambientales de la minería y la infraestructura petrolera jamás fueron atendidos. Y mientras tanto, comunidades enteras en la Amazonía, el Pacífico y los páramos quedaron sin protección, víctimas de la expansión de los cultivos ilícitos y la destrucción de sus territorios.

Hoy Santos pretende aparecer en Cali como un defensor de la biodiversidad. Pero los hechos hablan más fuerte que sus discursos: su paz fallida no trajo reconciliación ni justicia ambiental, sino un país fragmentado y ecosistemas heridos. Por ello, quienes invitaron al expresidente a la ciudad, se equivocaron, seguramente porque ayudó a traer algunos funcionarios internacionales de la ONU, institución a sus 80 años, más cuestionada, por la pobreza y miseria en más del 90% de los países del mundo y al borde de la III guerra mundial, por Ucrania-Rusia, Israel – Gaza, Sudán, Etiopía y Myanmar, que causan gravísimo sufrimiento humano.

Los caleños y vallecaucanos con más de 700.000 personas que le dijimos NO al plebiscito, consideramos que Santos no representa conservación ni sostenibilidad. Representa la traición a la voluntad popular, el abandono de la naturaleza y la complicidad con un proceso que favoreció la devastación.

“Su verdadero legado no es la paz con la naturaleza, sino la guerra abierta contra ella”.

Piedad Varela de Tascón