El puerto de Buenaventura, clave para el 45% del comercio exterior colombiano,

enfrenta una crisis logística sin precedentes que exige soluciones estructurales urgentes

 

El puerto de Buenaventura, arteria vital que moviliza cerca del 45% del comercio exterior colombiano, se encuentra inmerso en una de sus peores crisis logísticas de las últimas décadas. El represamiento de contenedores, la congestión operativa en sus terminales y el alarmante deterioro de la seguridad están generando costos millonarios adicionales y graves afectaciones a toda la cadena logística nacional.

La Federación Colombiana de Agentes Logísticos en Comercio Internacional (Fitac) ha hecho un llamado urgente a todas las entidades involucradas —Gobierno nacional, DIAN, líneas navieras y autoridades regionales— para actuar frente a este colapso operativo. Las demoras en trámites de retiro de mercancías, fallas administrativas como rechazos de placas provisionales y vencimientos de documentos clave como DTA y OTM han obligado a nacionalizar cargas que iban a zonas francas, generando nuevos pagos tributarios y alargando los tiempos de permanencia en puerto, lo que merma la competitividad colombiana.

A esta crisis operativa se suma un absoluto desorden en la devolución de contenedores vacíos, factor que ha saturado los patios de acopio hasta en un 105%, obligando a usar vehículos de carga como bodegas móviles y paralizando aún más la movilización de mercancías. Este represamiento ha generado sobrecostos logísticos que en algunos casos superan el 400% o 500% con respecto a costos normales, un golpe brutal para importadores y exportadores, especialmente de productos estratégicos como cereales, café y azúcar.

Pero la emergencia no es solo de índole operativa. El creciente y preocupante aumento de la violencia en la zona portuaria, con bloqueos de rutas y amenazas a transportadores, ha agravado la crisis, limitando la movilidad y la seguridad. En el primer trimestre del año se registraron decenas de homicidios que han forzado cierres comerciales anticipados y restricciones en la movilidad laboral, complicando aún más la cadena productiva regional y nacional.

Las soluciones planteadas por Fitac son claras:

Suspender temporalmente los términos de vencimiento de documentos clave, diseñar e implementar planes de contingencia para descongestionar patios de contenedores vacíos y establecer canales de atención ágiles para acelerar autorizaciones pendientes. Sin embargo, estos paliativos no resolverán las causas estructurales que evidencian una crisis sistémica de infraestructura, coordinación interinstitucional y seguridad pública que demanda un trabajo conjunto y eficaz entre gobierno, gremios, navieras y demás actores logísticos.

La estabilidad económica y la competitividad internacional de Colombia no pueden depender, una vez más, de remiendos en medio del caos. El puerto de Buenaventura debe ser prioridad nacional, con inversiones integrales y un compromiso firme para superar esta crisis que amenaza la columna vertebral del comercio exterior colombiano. Ignorar esta realidad es comprometer el desarrollo y la soberanía económica del país.

Redacción