Ustedes se preguntarán el por qué con tanta antelación (casi un año), traigo a colación el tema político en Colombia. Pues bien, el momento coyuntural por el que atraviesa el país, amerita una reflexión profunda, responsable, con tiempo, que permita evaluar e ir perfilando quiénes nos representarán. NO se trata de partidos, ni derecha, ni izquierda, ni centros y menos de nombres de candidatos, sino de un deber ciudadano responsable que evite a futuro tomar decisiones apresuradas, convenientes y equivocadas.
Las elecciones presidenciales y Congreso en Colombia para el 2026, se perfilan como un evento crucial en la historia política del país, marcadas por un contexto social, económico complejo y por la búsqueda de una nueva visión de gobernanza.
A medida que se acercan las elecciones, diversos factores y tendencias comienzan a tomar forma, delineando un rumbo electoral que promete ser dinámico y, en muchos aspectos, impredecible.
La gestión de Petro ha generado opiniones divididas: mientras algunos celebran sus intentos de “transformar” el país y abordar problemas históricos de inequidad, otros critican su enfoque y expresan temor ante un marcado debilitamiento de las instituciones democráticas.
Esta polarización se proyecta hacia las elecciones del 2026, donde los votantes buscarán evaluar los resultados de su administración y las alternativas que se presenten. De igual manera, la percepción divisoria del ciudadano hacia el Congreso de la República, por factores como: corrupción, ineficiencia ante la función legislativa, la falta de transparencia, la sensación de que algunos congresistas no representan los intereses de la ciudadanía, sino que están más enfocados en sus agendas políticas o en los intereses de ciertos lobbies, (por mencionar algunos), contribuye a la desconfianza, pues los ciudadanos desean saber cómo se toman las decisiones y cómo se utilizan los recursos públicos, factores, entre otros, que aportan a la percepción negativa del Congreso en Colombia y a la falta de seguridad que muchos ciudadanos sienten hacia esta institución.
El panorama electoral del 2026 también se verá condicionado por la aparición de nuevos actores políticos y el fortalecimiento de movimientos emergentes. En los últimos años, hemos visto un aumento en la participación de jóvenes y en la organización de movimientos sociales, especialmente aquellos que abogan por la justicia social, la protección del medio ambiente y los derechos humanos.
Los diferentes partidos, movimientos y candidatos que puedan captar el descontento popular y ofrecer soluciones concretas, aterrizadas, reales, tangibles a problemas como la educación, pobreza, corrupción y la violencia (discurso ventejuliero de todos), tendrán una ventaja significativa. De igual manera, el papel de las mujeres es importantísimo en la política colombiana, ha cobrado fuerza, y se espera que las candidaturas femeninas tengan mayor protagonismo en el proceso electoral del 2026.
Uno de los temas centrales en la agenda electoral será el proceso de paz real y definitivo en Colombia. La violencia persiste en diversas regiones del país, exacerbada por la presencia del narcotráfico y el conflicto armado. Los candidatos deberán presentar propuestas claras y efectivas para abordar la seguridad y la reconciliación real, palpable, así como la implementación de políticas que busquen una paz duradera, equilibrada de mano dura y con total firmeza.
Otro tema de suma importancia es la situación económica de Colombia, será un factor determinante en las elecciones del 2026. La recuperación lenta y efímera post-pandemia y las consecuencias de la crisis global han dejado a muchos ciudadanos preocupados por su futuro económico. La educación, la salud, seguridad o mejor la inseguridad, pobreza y el desempleo son asuntos candentes que los candidatos deberán abordar con seriedad.
Siempre he creído y estoy convencida que la educación es fundamental para el desarrollo político, económico y social de un país. En Colombia, como en muchas otras naciones, una población educada puede tomar decisiones más informadas, participar activamente en la democracia, censurar y no aceptar prácticas corruptas o manipuladoras. La educación empodera a los ciudadanos, fomentando el pensamiento crítico y la capacidad de cuestionar con argumentos firmes a los líderes y las políticas. Además, una buena educación puede contribuir a la reducción de la desigualdad y a la promoción de una mayor cohesión social. En un contexto donde la corrupción y la compra de votos han sido problemáticas históricas, invertir en educación puede ser una de las estrategias más efectivas para fortalecer la democracia y construir un futuro más justo y equitativo; además, la educación no solo trata de adquirir conocimientos, sino también de formar ciudadanos responsables y comprometidos con su comunidad, su entorno, capaces de participar activamente en la construcción de un mejor país. Por lo tanto, es crucial que el gobierno como la sociedad civil prioricen y apoyen iniciativas que busquen mejorar el acceso y la calidad de la educación en Colombia. Recordemos con insistencia, lo que he dicho y lo seguiré diciendo: “Una persona con formación y educación, jamás será manoseada”, es decir, ni se compra ni se vende. No decide con el estómago…!
De otra parte, en un mundo donde las redes sociales juegan un papel fundamental en la política, la desinformación, la calumnia y el escándalo, se han convertido en un desafío importante, en el caballito de batalla. Las elecciones del 2026 no estarán exentas de campañas de desinformación y demás tramoyas, que intenten influir en la opinión pública para tratar de confundir al electorado. Los candidatos deberán estar preparados para enfrentar este fenómeno y utilizar estrategias de comunicación eficaces y transparentes. He ahí la importancia de ir evaluando responsablemente posibles candidatos con bastante antelación.
Así mismo, a medida que nos acercamos a las elecciones presidenciales y corporaciones públicas del 2026 en Colombia, el panorama se vislumbra cargado de retos y oportunidades. La capacidad de los candidatos para conectar con los ciudadanos, abordar temas cruciales como los ya mencionados y así como su habilidad para navegar en un entorno político polarizado y confuso, será fundamental para definir quién ocupará la Casa de Nariño y el Congreso de la República de nuestra amada Colombia. En este contexto, la participación activa de la ciudadanía y la defensa de los valores democráticos serán esenciales para asegurar un proceso electoral justo y transparente. El futuro de Colombia dependerá de las decisiones responsables que se tomen con tiempo responsablemente en este crucial momento histórico, que pinta retador e impredecible.
Entonces… ¿Cómo pueden los ciudadanos colombianos asegurarse de que sus voces sean escuchadas y sus necesidades representadas en las elecciones del 2026, considerando el contexto político y social actual del país?
Habrá que seguir con la lupa puesta…!
Comunicadora y Periodista - [email protected]