Los incendios forestales causan daños a los bosques, destruyen viviendas y ocasionalmente cobran vidas. Contribuyen al máximo a incrementar el calentamiento global por la emisión de gases de efecto invernadero como el dióxido de carbono (CO2) que de no detenerse antes del año 2050 su efecto será irreversible y calamitoso para la vida en la pelota en que vivimos.

Unos por ignorancia, otros por el placer de ver arder un bosque y otros que, por descuido, arrojan colillas encendidas o botan envases de vidrio que originan rayos calientes por el reflejo de la luz solar sobre ellos.

Hay un hecho aún más importante y es que los bosques son la alcancía del agua que fluye en los periodos secos. Ello es hoy más que preocupante ante la falta de agua en muchas regiones y ciudades, que según estudios se incrementará con el fenómeno del niño. 

Ante todo, es esencial que cuidemos el rancho en que vivimos. Los recursos del planeta Tierra son finitos y si no los cuidamos, cada día serán menores y muy pronto la hambruna se extenderá por el planeta en el que vivimos.

Recordemos a los abuelos que siempre repetían que “agua que no vas a tomar, déjala correr”. Si los niveles del río Cauca bajan de cierto nivel, Santiago de Cali tendrá graves racionamientos de agua. Igual hay que proteger la cobertura vegetal de las cuencas de los ríos que abastecen a muchas ciudades, no solo del Valle del Cauca, del país.

O cuidamos el rancho o nos tocará vivir sin comida y sin agua. Es decir, una muerte lenta en medio de la ostentación orgullosa de nuestras ciudades y donde sus habitantes siguen pensando que la calentura está en la sabana.  

Nicolas Ramos Gómez

Ingeniero Civil , ex gerente de Emcali y ex Presidente de la SMP