Es la oportunidad para renovar la esperanza colectiva, corregir errores, para así servir con profundo respeto por la dignidad de todas las personas.
Quienes llegan a los altos cargos deben entender que el mandato recibido no es un privilegio, sino una enorme responsabilidad, cada actuación pública tiene consecuencias sobre la vida diaria de millones de colombianos que esperan un Estado cercano, eficiente y justo.
Los colombianos anhelamos que la ética pública deje de ser una una aspiración abstracta para convertirse en la forma cotidiana de ejercer el poder donde la honestidad, la austeridad, el manejo responsable de los dineros públicos sea siempre una obligación permanente que genere confianza en las instituciones hoy desprestigiadas y miradas con mucho recelo.
Hoy más que nunca quienes inician su mandato deben entender que deben hacerlo con GRANDEZA DE ALMA; desde la Antigüedad ha sido considerada como una de las virtudes más elevadas del ser humano, quienes ejercen responsabilidades de gobierno o servicio público, deben actuar con prudencia, moderación y nobleza.
Como ciudadano, no espero milagros. Espero coherencia. Espero servidores públicos que comprendan que gobernar exige dar ejemplo antes que pronunciar discursos. La confianza ciudadana se construye lentamente mediante actos concretos de honestidad, eficiencia y respeto por la palabra empeñada.
Al finalizar este mandato, quisiera que el país pudiera recordar no solo las obras ejecutadas o los indicadores alcanzados, sino también la manera como se ejerció el poder. Que se diga que fue un Gobierno respetuoso de las instituciones, comprometido con la legalidad y consciente de que el servicio público constituye una de las expresiones más nobles de la democracia.
Quienes hoy reciben la responsabilidad de conducir los destinos de Colombia, les solicito nunca pierdan de vista que el poder es transitorio, mientras que las instituciones y el bienestar de la Nación deben perdurar. Que gobiernen con serenidad en las dificultades, con humildad en los aciertos y con grandeza frente a las diferencias.
Porque cuando un Gobierno honra la confianza del pueblo con integridad, respeto y vocación de servicio, no triunfa únicamente una administración. Triunfa Colombia. Se fortalece la democracia, se consolidan las instituciones y se abre un camino de esperanza para las generaciones que habrán de construir el futuro de nuestra República.
Señor Presidente y señores Ministros:
La magnanimidad representa una de las más altas expresiones de la excelencia moral. Desde Aristóteles ha sido entendida como la virtud que distingue a quienes poseen la capacidad de realizar grandes obras sin dejarse dominar por la vanidad, el resentimiento o el afán de poder, COLOMBIA ESPERA QUE ACTÚEN CON GRANDEZA DE ALMA