La historia de Colombia ha estado marcada por conflictos armados, incertidumbre en la gobernabilidad, enfrentamientos ideológicos, desconocimiento de las autoridades del Estado. No obstante, a diferencia de otros países latinoamericanos no presentamos prolongadas interrupciones constitucionales, Colombia ha demostrado una singular capacidad para preservar la continuidad de sus instituciones republicanas.

Este fenómeno constituye uno de los aspectos más relevantes para comprender la evolución política de la nación.

Cito tres momentos históricos en los cuales prevaleció la defensa de las instituciones políticas y del orden constitucional:

  • La Regeneración y la Constitución de 1886;
  • El Frente Nacional;
  • La Asamblea Nacional Constituyente de 1991;

A partir de estos casos reconocemos que los colombianos defendemos la estabilidad institucional, gracias a una combinación de liderazgo político, cultura jurídica, tradición constitucional y compromiso ciudadano con la preservación del Estado.

Los colombianos comprendemos que las instituciones constituyen el fundamento sobre el cual descansa la organización política de nuestra sociedad, porque entendemos que ellas nos permiten transformar la fuerza en autoridad legítima, la confrontación en deliberación y el conflicto en mecanismos jurídicos de solución, y por tal no permitimos que las instituciones se debiliten o colapsen, no podemos mantenernos en períodos de incertidumbre, violencia e inestabilidad.

En los momentos decisivos la sociedad colombiana ha encontrado mecanismos para preservar el orden constitucional y evitar la destrucción de la estructura estatal.

Las instituciones no sobreviven únicamente gracias a las normas jurídicas. También requieren ciudadanos comprometidos con la legalidad, dirigentes capaces de construir consensos y una cultura política que valore el respeto por las reglas democráticas.

En tiempos de polarización y desconfianza, la experiencia histórica colombiana recuerda que la fortaleza de una nación depende de su capacidad para preservar el Estado de Derecho, garantizar que las diferencias políticas se resuelvan mediante el debate democrático y nunca mediante la violencia.

La defensa de las instituciones democráticas no es simplemente una cuestión jurídica o política, necesitamos que todos se involucren votando y respaldando la democracia para que continúe la República.

Concluyo:

  • La democracia se fortalece cuando los ciudadanos participan activamente en las decisiones que determinan el futuro de la nación,
  • Votar no es solamente un derecho; es también una responsabilidad cívica que permite defender las instituciones, las libertades,
  • En momentos decisivos de nuestra historia, la participación ciudadana ha sido fundamental para preservar la convivencia y el orden democrático,
  • Los ciudadanos debemos acudir a las urnas con convicción, contribuyendo así a la construcción de un mejor país.

El próximo domingo 21 votemos por el candidato que representa la defensa de la institucionalidad democrática – evitemos la destrucción de la estructura estatal: ABELARDO DELASPRIELLA, quien nos da la seguridad que:

“el gobierno se rija por la ley y no por la voluntad de sus gobernantes, un gobierno de leyes, no de hombres”.

Jorge Enrique González Rojas