Todas las encuestas electorales, el triunfo de Abelardo de la EsLa campaña presidencial de 2026 será recordada no solamente por su resultado electoral, sino porque marcó una transformación profunda en la manera de hacer política en Colombia. La victoria de Abelardo de la Espriella representa mucho más que el triunfo de un candidato: simboliza el ascenso definitivo de un nuevo modelo de comunicación política, donde las redes sociales, los influenciadores, el streaming, la inteligencia artificial y los contenidos virales adquirieron una capacidad de movilización superior a la de muchas estructuras partidistas tradicionales.
Durante décadas, las campañas electorales dependieron de una poderosa maquinaria territorial integrada por congresistas, diputados, concejales, directorios políticos, lideres y financiadores electorales ( contratistas ) . Sin embargo, en esta elección quedó demostrado que ese modelo perdió parte de su protagonismo. En numerosas regiones del país, incluyendo Cali y el Valle del Cauca, la participación visible de congresistas, diputados y miles de concejales fue limitada frente al fenómeno digital que impulsó la candidatura de Abelardo.
No se trata de afirmar que las estructuras políticas desaparecieron. Siguen siendo importantes para la organización territorial y la movilización electoral. Pero dejaron de ser el principal motor de una campaña presidencial. La atención ciudadana se desplazó hacia las plataformas digitales, con una estructuración bien planificada, para finalmente construir los mensajes , que llegan directamente al votante sin necesidad de intermediarios políticos.
La diferencia entre Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda
Fue más que una disputa de seguidores o reproducciones; representó el choque entre dos modelos de comunicación política. Mientras Abelardo construyó una estrategia basada en contenidos emocionales, videos virales, inteligencia artificial, transmisiones con influenciadores, capacidad de reacción digital y una presencia permanente en las principales plataformas digitales, Cepeda mantuvo durante buena parte de la campaña una comunicación más tradicional, centrada en mensajes programáticos, discursos extensos y movilización política convencional. Aunque el candidato de izquierda fortaleció su presencia en redes durante la recta final, la conversación digital ya estaba ampliamente dominada por la narrativa de Abelardo, quien logró construir y conectar con públicos jóvenes e independientes mediante formatos ágiles y altamente compartibles.
La campaña terminó demostrando que en la política contemporánea no basta con tener una organización partidista sólida; también es indispensable competir con éxito en el ecosistema digital donde hoy se forman buena parte de las opiniones y decisiones electorales.
El fin del monopolio de la comunicación política
La gran novedad de esta campaña fue que el marketing político dejó de estar exclusivamente en manos de consultores tradicionales, partidos políticos y grandes medios de comunicación.
Hoy la influencia se distribuye entre la organización dirigida hacia creadores de contenido, estrategas digitales, expertos en datos, productores audiovisuales, comunidades virtuales y plataformas tecnológicas capaces de generar millones de interacciones en cuestión de horas.
La campaña de Abelardo entendió esta realidad antes que sus adversarios y construyó una estrategia orientada a dominar la conversación digital, especialmente entre jóvenes, independientes y votantes no vinculados a estructuras partidistas. Por eso sus videos fueron virales, alcanzaron más ciudadanos que varias giras políticas de varios días. Una entrevista en streaming registró audiencias comparables o superiores a programas de televisión nacional. Un influenciador generó más conversación pública que un dirigente político regional.
Los medios tradicionales ya no están solos
Otro fenómeno fue la pérdida del monopolio informativo de los medios tradicionales, con un gran ganador, Semana, que se la jugó con el resultado del encuestador propio, Atlas Intel.
Durante años, periódicos, emisoras y canales de televisión definieron la agenda pública. En 2026 ocurrió algo diferente: muchos temas nacieron primero en TikTok, Instagram, YouTube, Facebook o transmisiones en vivo, y posteriormente fueron recogidos por los medios convencionales.
Los medios tradicionales continúan siendo actores fundamentales para la democracia, la verificación de información, la seriedad comunicativa y el análisis político. Sin embargo, su capacidad para imponer la agenda ya no es exclusiva. Ahora compiten por la atención ciudadana con cientos de plataformas digitales y creadores de contenido que producen información de manera permanente.
Un modelo que llegará a las elecciones regionales
La principal consecuencia de esta transformación se verá en las elecciones territoriales de 2027. Gobernaciones, alcaldías, asambleas y concejos municipales serán escenarios donde numerosos candidatos intentarán replicar el modelo que llevó a Abelardo al éxito nacional.
Es previsible que aparezcan campañas con menor dependencia de los partidos tradicionales y mayor inversión en equipos digitales, inteligencia artificial, producción audiovisual, influenciadores y estrategias de viralización.
Los candidatos ya entendieron que una comunidad digital sólida puede convertirse en un activo político tan importante como una estructura electoral convencional. Incluso en municipios pequeños comenzarán a surgir liderazgos construidos primero en redes sociales y después en la política formal.
Una nueva era política
La elección presidencial de 2026 abrió una nueva etapa para la democracia colombiana. Los políticos tradicionales seguirán existiendo, al igual que los partidos, los congresistas, los concejales y los medios de comunicación. Pero su incidencia ya no será la misma de hace una década.
Abelardo de la Espriella materializó un cambio de época. La política colombiana ingresó plenamente a la era digital, donde la influencia se mide en visualizaciones, interacciones, comunidades virtuales y capacidad de generar conversación pública.
Las campañas del futuro seguirán necesitando organización territorial, propuestas y liderazgo. Pero después de 2026 quedó claro que quien no domine las redes sociales, la inteligencia artificial y los nuevos ecosistemas digitales tendrá enormes dificultades para competir por el poder. La elección de 2027 será la primera gran prueba de esta nueva realidad política que acaba de nacer en Colombia.