La muerte de Jaime Aparicio dejó un vacío imposible de llenar en la historia deportiva de Colombia. Su partida recordó la dimensión de un hombre que abrió el camino internacional del deporte colombiano, impulsó el liderazgo del Valle del Cauca en el continente y ayudó a transformar a Cali en la capital deportiva de América. Su legado permanece vivo en la memoria de una ciudad que aprendió a soñar en grande gracias a sus triunfos y a su visión.
Su despedida también despertó una reflexión sobre la necesidad de honrar a quienes construyeron la grandeza deportiva de la región y del país. Cali, el Valle y Colombia tienen en Jaime Aparicio una figura histórica, dimensión trasciende generaciones. Aunque las autoridades civiles y deportivas no acompañaron sus exequias, el afecto de quienes valoran su obra siguen siendo el verdadero tributo a un pionero irrepetible.
La ciudad que colmó sus calles con sus logros en 1950, 1954, 1967 y 1971, conserva el orgullo de haber tenido a uno de sus más grandes constructores de región, de ciudad y de nación deportiva. Su partida debe convertirse en un compromiso de Colombia, el Valle y Cali para exaltar el legado de quienes hicieron lo gigante, en la historia deportiva del país.
Cali vio partir a uno de los ciudadanos más trascendentales de su historia, cuya huella permanece unida al crecimiento deportivo y cívico de la ciudad. Pocos colombianos lograron transformar tanto la mentalidad de una región como él. Abrió para Colombia una puerta: demostrar que un atleta podía vencer en el escenario internacional. Su ejemplo sembró esperanza y disciplina en generaciones de deportistas, entrenadores y dirigentes que encontraron en el deporte una herramienta de progreso social, educativo y ciudadano.
El Valle campeón y el Valle “Oro puro” tienen en Jaime Aparicio uno de los pilares fundamentales de su grandeza deportiva. Sus 13 medallas de oro en los Juegos Nacionales de 1950 y 1954 no fueron victorias personales; marcaron una identidad regional que con el tiempo convertiría al departamento en referente continental y mundial. Ël fortaleció el orgullo de una región que aprendió a reconocerse a través del esfuerzo, la excelencia y la competencia. Gracias a él, el deporte se convirtió en motor de desarrollo, integración social y orgullo colectivo.
Su legado inicial fue la infraestructura deportiva, con los escenarios que distinguieron a Cali en 1954 , mejorándola para los Juegos Panamericanos de 1971. Creyó en el deporte como política de desarrollo de juventudes y como motor del binomio educación y deporte Su legado en cada escenario que convirtió a Cali en capital deportiva de América.
Resulta imposible hablar de la historia urbana de Cali sin mencionar el legado deportivo que él ayudó a consolidar. Gracias a sus triunfos, Cali estrenó en 1954 estadio, gimanasio y piscinas olímpicas, impensable en el país y le dieron delante de 30.000 personas, la Gran Cruz de Boyacá. En 1971 logró que Colombia se proyectara en el continente con unos Juegos Panamericanos que cambiaron para siempre la imagen de la ciudad. Aun los historiadores jovenes no lo entienden, él lo reconoció en su sencillez. Sin él, sin sus triunfos internacionales, no habiamos tenido fiesta panamericana
Hoy, en 2026, la capital vallecaucana sigue teniendo el sistema de escenarios deportivos más importante del país,. Jaime Aparicio, se convirtiera en uno de los grandes constructores invisibles de la Cali moderna.
Su partida deja una oportunidad para que Cali, el Valle y Colombia fortalezcan la memoria y el reconocimiento a quienes construyeron la grandeza deportiva del país. Indervalle y la Secretaría del Deporte de Cali deben convertir su legado en inspiración para las nuevas generaciones.
Y así los deportistas, tengan la fuerza de permanecer en el tiempo: cada atleta que sueña con representar a Colombia, cada joven que encuentra en el deporte un camino de vida y en cada ciudadano que comprende que la verdadera grandeza se construye con trabajo, respeto y servicio a los demás.
Aún hay tiempo para corregir el olvido. Este es un llamado respetuoso a la ministra del Deporte, Patricia Duque; a la gobernadora del Valle del Cauca, Dilian Francisca Toro; y al alcalde de Cali, Alejandro Eder, para liderar un gran homenaje póstumo de ciudad, región y país. Lo han solicitado ex atletas vallecaucanos, medallistas continentales ( Pedro Grajales, Juana Mosquera, Oscar Rivera, Elsy Rivas, Ana Cecilia Maquillon y Aida Ortiz ) , respaldados por el Comité Olímpico Colombiano, la Federación Colombiana de Atletismo y la Liga de Atletismo del Valle. Cali debe inclinar sus banderas ante uno de sus hijos más grandes. Porque las ciudades verdaderamente agradecidas no olvidan a quienes ayudaron a construir su destino.



