Si en alguna actuación política, materializada en acto administrativo subyacen intereses particulares, es en el documento conocido como POT, en el cual se concretan las dinámicas urbanísticas con revalorización de grandes extensiones de tierra tanto urbanas como rurales, lo cual se logra entre otras acciones, con el cambio de uso del suelo, renovaciones urbanas, planes parciales, etc.; casi siempre pensadas y del gusto de los gobernantes de turno y en este caso, del alcalde Alejandro Eder a quien le corresponde liderar el tercer Plan de Ordenamiento Territorial de la ciudad, en cumplimiento de una sentencia del Tribunal Contencioso Administrativo que por vicios de forma anuló el POT del 2014 “manteniéndolo vigente durante 30 meses” próximos a cumplirse, lo cual fue aprovechado por los constructores que inmediatamente acudieron a las curadurías en solicitud de aprobación de licencias previendo que el próximo POT limitaría alturas y lugares para nuevos desarrollos, y una vez obtenida iniciaron construcciones en alturas y congestionando aún más la ciudad, causándole un grave daño que empieza a verse con las nuevas construcciones en Pance y en el oeste saturado con elevados edificios que deterioraron el paisaje, el medio ambiente, el agua, la calidad de vida.
Simultáneamente se disparan las valorizaciones a predios ubicados en zonas que serán declaradas como nuevos desarrollos, cambios en el uso del suelo o renovación urbana, cuyo mera declaración incrementa el valor en el precio de la tierra como sucede según denuncias de algunos concejales, con predios de propiedad de la familia del alcalde tal como sucedió en el 2014 con predios de la familia del entonces alcalde Guerrero, que al igual que el actual se declaran impedidos para lo concerniente con el POT como sería la sanción y participación en reuniones, lo cual no es suficiente para darle transparencia a la actuación en tanto , si es una manera de ocultar decisiones en favor de amigos y allegados.
En la construcción y desarrollo urbanístico del territorio de Cali tanto en su área urbana como rural, deben participar en forma amplia los caleños en general con su visión de Cali que debe plasmarse en el nuevo POT estructurado alrededor del agua, la seguridad alimentaria, el medio ambiente, el paisaje, ejes desconocidos por la actual administración, que solo atiende a la prevalencia del cemento, alturas, vías angostas, atrayendo más personas a Cali, reduciendo el territorio con su paisaje y ambiente a un asunto de negocio y no pensado ni desarrollado en función de la persona, del ser humano.
Las autoridades locales no promueven la participación ciudadana ni permiten las discusiones amplias, informadas provenientes de los ciudadanos siendo necesario escucharlos porque además de conocer sus territorios padecen los estragos de las políticas públicas.
Los servicios públicos domiciliarios, los medios de transporte y la movilidad como elementos estructurantes del POT se reducen al formalismo de que cada barrio o comuna cuenta con ellos o tiene la posibilidad de acceder a ellos. Sin embargo, la discusión debe ser integral, amplia y profunda, en momentos en que Cali se apresta a manejar a través de EMSIRVA el servicio de aseo, que tanto necesita la ciudad sumida en un completo desaseo inclusive en las zonas centrales y turística como los alrededores de la carrera 11 B en el barrio obrero, zona deprimidas, sucias, que a pesar de la estética aplicada a ese llamado boulevard no logró recuperar el barrio.
La movilidad también se reduce al formalismo de la existencia de vías en el sector de interés para el POT, sin analizar las consecuencias por el impacto negativo de la redensificación de la ciudad con el aumento de familias, personas en las diferentes zonas, incrementos de automotores, motos, sin posibilidad de ampliar vías y especialmente porque la existencia de un POT no implica planificar la ciudad.
El tercer POT que tendrá la ciudad sin que los caleños realmente lo conozcan ni lo hayan discutido, analizado, evaluado, es la base de lo que será el POT del área metropolitana AMSO que implosionará la ciudad con la cantidad de construcciones que se realizarán densificando aun más el área metropolitana con lo cual la movilidad, la contaminación por micropartículas de los vehículos, el ruido y el turismo ambiental mal planificado sin tener como prioridad el agua y la seguridad alimentaria, convertirán a la Cali urbana, la rural y sus alrededores en una región que sustituyó la riqueza ambiental y el paisaje por grandes edificaciones en una semejanza con la ficción de ciudad Gótica.
Así las cosas, los caleños no ven asegurado el presente ni el futuro de la querida Cali, más allá de las promesas y de los planes de la administración que solo piensa en construir una nueva ciudad que poco o nada tiene que ver con las verdaderas necesidades del pueblo caleño que hoy se encuentra sumido en la pobreza, la informalidad y la carencia de vivienda digna, en tanto se construyen grandes complejos habitacionales para atender las necesidades de una población que vive de la economía de los servicios y que espera que con el aumento del turismo logre las metas del progreso material con el que hoy cuentan otras ciudades del país que empiezan a sufrir los excesos de un desarrollo urbanístico que muy poco o nada contribuyen con el verdadero progreso de las nuevas ciudades conurbadas.