Cali en el 2026 esta enfrentando una de las mayores fracturas sociales del país. La ciudad mantiene profundas diferencias territoriales entre sectores con alta inversión privada y comunas donde persisten pobreza, desempleo, violencia y baja cobertura social. Aunque Cali continúa siendo una de las principales economías urbanas de Colombia, gran parte de su población permanece en condiciones de vulnerabilidad, estratos 1, y 2, algo del 3.

Las cifras de pobreza muestran la magnitud del problema. Para 2025, cerca del 30 % de los caleños viven en pobreza monetaria y alrededor del 9 % en pobreza extrema. Esto representa más de 700.000 personas con ingresos insuficientes para cubrir necesidades básicas. En sectores del oriente de Cali y algunas zonas de ladera, la pobreza supera incluso el 40 % de la población.

La desigualdad territorial continúa siendo crítica. Mientras zonas del sur y oeste concentran inversión inmobiliaria, mejores vías y mayor acceso a servicios, comunas populares enfrentan deterioro urbano, hacinamiento y déficit de equipamientos sociales. Cali mantiene uno de los índices de desigualdad más altos entre las grandes ciudades colombianas, con un coeficiente de Gini cercano a 0,50 durante 2025 y 2026.

La vulnerabilidad laboral sigue afectando a cientos de miles de hogares. Durante 2025, la informalidad laboral en Cali se mantiene entre el 45 % y el 48 %, mientras en varias comunas supera el 55 %. Esto significa que cerca de 900.000 personas trabajan sin estabilidad, pensión, salud laboral ni protección social. Gran parte depende de ventas ambulantes, oficios temporales, transporte informal o trabajos ocasionales.

El subempleo también continúa creciendo. Para 2026, más del 35 % de los trabajadores manifiestan inconformidad con sus ingresos o condiciones laborales. Miles de personas trabajan jornadas parciales o empleos de baja productividad que no les permiten superar condiciones de pobreza.

El desempleo juvenil continúa siendo uno de los problemas más delicados. En 2025 y 2026 la tasa de desempleo entre jóvenes oscila entre el 18 % y el 21 %. En algunos sectores vulnerables del oriente caleño, el desempleo juvenil puede superar el 35 %. Además, miles de jóvenes no estudian ni trabajan formalmente, fenómeno que incrementa el riesgo de vinculación a economías ilegales y dinámicas de violencia.

La violencia urbana continúa golpeando especialmente a sectores populares. Aunque Cali ha registrado reducciones frente a años anteriores, la ciudad mantiene tasas de homicidio muy superiores a estándares internacionales. Para 2026, la tasa se ubica entre 39 y 42 homicidios por cada 100.000 habitantes. Esto representa más de 1.000 homicidios anuales. Entre enero y marzo de 2026, Cali registró 267 homicidios, lo que representa un aumento del 5% en comparación con el mismo periodo de 2025 (254 casos). Gran parte de los casos se concentran en comunas vulnerables afectadas por microtráfico, disputas criminales y exclusión social.

Las brechas educativas también reflejan la desigualdad estructural. Los resultados de las pruebas Saber 11 continúan mostrando diferencias entre colegios privados y públicos. Mientras instituciones privadas de sectores de altos ingresos superan promedios nacionales en lectura crítica y matemáticas, varios colegios oficiales de zonas vulnerables permanecen rezagados. En algunas instituciones públicas, los puntajes promedio pueden estar hasta 40 puntos por debajo de colegios privados reconocidos.

La deserción escolar sigue siendo preocupante. Durante 2025, miles de estudiantes abandonaron el sistema educativo por dificultades económicas, violencia familiar o necesidad de trabajar. En sectores vulnerables, la falta de conectividad, inseguridad y debilidad institucional afectan la permanencia educativa.

La crisis del habitante de calle continúa creciendo. Para 2026 se estima que más de 4.500 personas viven permanentemente en condición de calle en Cali, el centro histórico tiene ese problema. Varias zonas de la ciudad presentan incremento de consumo problemático de sustancias psicoactivas, deterioro urbano y presencia de redes delincuenciales asociadas a explotación y microtráfico. Los programas institucionales continúan siendo insuficientes frente al crecimiento de la problemática.

La infaestructura de andenes es vergonzosa y las vías de los barrios tienen más de 1500 kms en mal estado; otro de los fenómenos más graves es la explotación sexual de menores. Autoridades y organizaciones sociales advierten sobre el aumento de casos vinculados a redes ilegales que operan principalmente en contextos de pobreza y vulnerabilidad. La deserción escolar, la violencia intrafamiliar y la falta de oportunidades facilitan escenarios de explotación sexual y trata de menores.

En salud, Cali también presenta fuertes desigualdades. Aunque la ciudad cuenta con algunas de las clínicas más reconocidas del país, miles de personas enfrentan dificultades para acceder a atención especializada. Durante 2025 y 2026 aumentan las quejas por demoras en citas, entrega de medicamentos y atención de urgencias. Hospitales públicos continúan enfrentando déficit financiero, sobreocupación y limitaciones de personal médico.

La salud mental se convierte además en un problema creciente. El desempleo, la violencia y la incertidumbre económica incrementan casos de ansiedad, depresión y consumo problemático de sustancias, especialmente entre jóvenes. Sin embargo, la capacidad institucional para atención psicológica y psiquiátrica sigue siendo limitada frente a la demanda social.

Cali enfrenta una fractura social que limita su desarrollo. La pobreza, la informalidad y la desigualdad territorial continúan afectando la estabilidad social y la competitividad urbana.

El alcalde con una aprobación inferior al 19% ( mes de abril 2026 ), el concejo desacreditado y los problemas estructurales crecientes, hacen de la ciudad, una dirigencia desprestigida , desde hace 3 decadas, que el alcalde fue a la cárcel, hace 2 , otro alcalde destituido y todos los grandes proyectos de ciudad, en 20 años , inviables. El desafío para 2026 / 2027  no es solamente económico., la ciudad necesita fortalecer empleo formal, educación pública, salud preventiva, recuperación urbana y atención social integral.

La estructura fiscal es invianble. pero es imperioso la reducción de las brechas sociales, Cali continuará dividida entre sectores con desarrollo consolidado y amplias zonas atrapadas en condiciones permanentes de vulnerabilidad. Todo esto, con un alcalde que escucha pero no oye, es probable otros estallidos sociales como los del 2019 y 2021.

Ramiro Varela Marmolejo