O desinterés por lo público constituye uno de los desafíos más profundos, silenciosos y peligrosos para la estabilidad de Colombia – la democracia constitucional – la supervivencia misma de la República.

No se trata únicamente de la disminución en la participación electoral ni de la falta de interés ocasional por la política; es un fenómeno estructural que debilita la soberanía popular, erosiona la legitimidad institucional y facilita que grupos minoritarios CAPTUREN EL PODER donde priman los grupos reducidos y excluyentes con comportamientos autoritarios y peligrosos.

Ya las democracias modernas no se terminan por la existencia de golpes militares, se deterioran lentamente, mediante procesos graduales de desmovilización cívica, pérdida de confianza pública, normalización de la corrupción y abandono de la vigilancia ciudadana sobre los asuntos colectivos.

Nos faltan muchas clases de pensamiento republicano clásico y se nos olvidaron las advertencias formuladas por Alexis de Tocqueville, quien predijo: las democracias podían caer en formas de dominación política no necesariamente violentas, primando la burocracia y sostenidas por la pasividad de los propios ciudadanos.

La tradición republicana siempre ha sostenido que la libertad política no depende exclusivamente de la existencia formal de instituciones, constituciones o elecciones. Depende, sobre todo, de la existencia de ciudadanos capaces de participar, deliberar, controlar el poder y defender el interés general.

En consecuencia, Colombia exige:

  • ciudadanía activa,
  • vigilancia del poder,
  • ética pública,
  • participación democrática,
  • compromiso con el interés general,
  • defensa de la institucionalidad constitucional.

Hemos abandonado estas responsabilidades.

La República no sobrevive únicamente gracias a leyes escritas, sobrevive gracias a ciudadanos conscientes de que:

  • el poder debe tener límites,
  • la democracia requiere vigilancia constante.

La Constitución Política de Colombia no concibe a los ciudadanos como espectadores pasivos del poder estatal. Por el contrario, establece un modelo profundamente participativo.

¿Será que el próximo 31 de mayo saldremos de esa pasividad?

La indiferencia ciudadana puede terminar favoreciendo exactamente aquello que produce el desencanto inicial:

  • corrupción, captura institucional, utilización patrimonial del Estado.

Alexis de Tocqueville, describió el riesgo de que las democracias modernas derivaran en una forma de dominación que llamó “despotismo suave”.

No se trataba de una dictadura brutal tradicional. Tocqueville imaginaba un poder:

  • paternalista, burocrático, centralizado,
  • aparentemente benigno, pero capaz de reducir progresivamente la autonomía ciudadana.

El verdadero peligro no era únicamente el gobernante autoritario. Era también una ciudadanía:

desmovilizada, aislada, individualista, indiferente frente a los asuntos públicos.

Tocqueville advertía que los ciudadanos podían terminar concentrados exclusivamente en:

  • bienestar privado, consumo, intereses personales,
    mientras abandonaban el ejercicio activo de la libertad política.

En ese escenario:

  • las instituciones sobreviven formalmente,
  • continúan existiendo elecciones,
  • permanece la Constitución,
  • pero la cultura republicana se debilita.

Ante los riesgos semejantes hoy en Colombia, salga de su estado de confort y vote el 31 de mayo por los defensores de la república, de la democracia y NO por aquel que la ha usado para atentar contra ella.

Jorge Enrique González Rojas