Con ocasión de las fiestas de navidad y año nuevo, tuve la oportunidad de visitar varias casas y las encontré elegantemente adornadas, rompiendo con la rutina de los once meses anteriores, esto nos sirve de bálsamo positivo contra la usanza que a veces nos abruma y rutiniza.

Pero también en esas visitas encontré a grupos de jóvenes, que habitualmente no viven en esas casas, están de paso, su residencia las tiene en otras ciudades incluso del exterior, por razones de trabajo, estudio, etc. Ellos estaban reunidos en espacios próximos, totalmente ensimismados en sus celulares, casi sin dialogo fluido con sus familiares de al lado, comportamiento que me pareció lamentable pues estaban presentes jóvenes de diferente sexo, edad, profesión, ubicación geográficas, etc., que podrían estar generando diálogos interesantes, diversos, pero no, cada uno de ellos estaba embrujado mirando la pantalla de su celular en una clara muestra que en ese lugar solo estaba el cuerpo físico porque su mente estaba siguiendo lo que aparecía en el celular.

Como consecuencia de esa experiencia, escribo lo siguiente que espero nos sirva a todos:

  • ¿Hemos perdido la capacidad de dialogar, entendiendo que no es una simple conversación superficial de palabras o gestos, sino un encuentro entre personas que buscan, de manera conjunta, comprender y transformar la realidad?
  • Considero que el dialogo es un reconocimiento de la otra persona, es respetar su dignidad,
  • Dialogar es reconocer que el otro tiene capacidad de pensar, preguntar, proponer, aportar sentido a la vida,
  • En la comunicación cara a cara no nos limitamos al intercambio de palabras, existen gestos, silencios, miradas, tonos de voz, posturas corporales, que permiten comprender emociones, estados de ánimo y esto nos enriquece a todos.

Al regresar de esas visitas, recordé al pedagogo Paulo Freire, que de manera magistral nos habla de la pedagogía del dialogo, donde este no es una simple conversación, ni tampoco es un intercambio superficial de palabras, sino un encuentro entre sujetos que buscan dignificar a la otra persona porque piensa, actúa, aporta valor a la vida, a la relación social.

Cuando dialogamos aportamos amor, humildad, esperanza y sobre todo respeto, dialogar exige apertura al pensamiento ajeno y disposición a revisar las propias certezas. El dialogo nos obliga a reflexionar, a tener conciencia, nos forma como ciudadanos con capacidad ética y compromiso social, del diálogo no solo se forma conocimientos, sino que formamos ciudadanía, responsabilidad ética y compromiso social.

Para nada estoy rechazando la tecnología, pero si debemos asumir una responsabilidad ética en su uso dándole valor al otro.

En síntesis, para Paulo Freire educar es dialogar, y dialogar es un acto de respeto profundo por la humanidad del otro y por la construcción colectiva del saber.rincipio del formulario

SUGIERO: dejemos de lado el celular y prefiramos dialogar con la persona que tenemos al lado no solo como respeto a su dignidad sino también como una ocasión de aprender entre todos saberes que cada uno tiene y puede servirnos a todos y mucho.

Jorge Enrique González Rojas