El centralismo concentra lo político, económico, social, educativo, religioso y cultural, y luego lo gestiona para todo el territorio, subordinando a las entidades regionales y locales. La descentralización, por lo contrario, es la transferencia de competencias, recursos y poder de toma de decisiones desde un gobierno central hacia entidades territoriales y locales; busca una mayor eficiencia administrativa, autonomía local, desarrollo territorial y democratización al acercar la gestión a los habitantes, desde las grandes ciudades a los pequeños poblados.

         En política, el centralismo reúne el poder administrativo de un país en un único gobierno nacional y presidencialista, el cual toma todas las decisiones, dicta políticas y gestiona los recursos para todo el territorio, subordinando a las entidades regionales, departamentales o municipales. Centralismo político que se caracteriza por una administración vertical, unificada, polarizada, jerárquica y, a menudo, invariable, lo que no le permite adaptarse oportunamente a los cambios que se produzcan repentinamente o de forma imprevista.

         El centralismo económico se da cuando se concentra en el Estado la toma de decisiones sobre la producción, distribución y consumo de bienes y servicios, fijando precios y controlando recursos, a menudo limitando el libre mercado, buscando la planificación centralizada. Pero históricamente se puede comprobar que puede generar rigidez, ineficiencia y baja capacidad y ausencia rapidez de respuesta ante eventos inesperados, profundos y desestabilizadores que generan peligros potenciales y en consecuencia requieren medidas urgentes

         La hegemonía social es el dominio o supremacía que ejerce un pequeño grupo social, ya sea de elite, clase, estado, género o etnia, sobre los otros miembros de una sociedad, legitimando su poder a través del consenso, la ideología, la discriminación económica y social, y la cultura. Esta peculiar concepción de lo social implica imponer una visión del mundo -valores, saberes, costumbres, creencias y prácticas- que no deben ser aceptadas sin antes  cuestionarlas como naturales o universales por todos los miembros de la sociedad a la que les es impuesta.

         El centralismo educativo se trata de un modelo para su gestión gubernamental, en donde el Estado centraliza las políticas, currículos y recursos, limitando al máximo la autonomía local, lo que es característico de un Estado centralista. Supuestamente busca estandarizar la calidad a nivel nacional, pero a menudo lo que genera es más burocracia, descontextualización pedagógica y brechas entre las escuelas urbanas y rurales, dificultando en consecuencia la atención a necesidades regionales específicas o, peor aún, ejerciendo censura ideológica.

         El centralismo religioso se refiere en este caso a la concentración de la autoridad, doctrina y toma de decisiones de una institución religiosa en una jurisdicción única, anulando comprensibles y deseables autonomías regionales y sociales. Históricamente, en los contextos latinoamericanos, desde el siglo XVI, con la conquista y la colonia, la religión se vinculó a lo político, lo económico y lo social, buscando una unidad al interior de una sociedad de clases; a veces incluso impuesta por la Inquisición desde un lejano centro burocrático en Europa.

El centralismo cultural, por su parte, concentra la producción, difusión y validación de la cultura en la capital de un país, imponiendo una narrativa hegemónica que invisibiliza las expresiones regionales. Centralismo que establece una “dictadura cultural” que privilegia un solo modelo ignorando la diversidad étnica o regional del territorio; en lugar de una deseada, rica y respetuosa cultura de culturas: un conjunto de manifestaciones, valores, creencias y tradiciones de diferentes grupos sociales que coexisten, creando una identidad compartida.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.