Sin calidad educativa no hay libertad ni movilidad social real

El mayor fracaso del gobierno de Gustavo Petro se encuentra en la educación. Para un líder de izquierda radical, cuyo discurso gira en torno a la equidad y la justicia social, la mejora de la calidad educativa debía ser una prioridad. Al observar los resultados, no se identifica un proyecto sólido ni avances consistentes. Por el contrario, la brecha entre la educación pública y privada continúa ampliándose.

En Colombia, los estudiantes de estratos 1, 2, 3 y 4, quienes dependen mayoritariamente del sistema educativo público, siguen enfrentando menores oportunidades: menos acceso a docentes especializados, deficiencias en conectividad y escasez de recursos pedagógicos. La promesa de cerrar brechas  no ha avanzado al ritmo que exige la magnitud del problema. Esto no solo refleja un rezago sectorial, sino una de las causas profundas del subdesarrollo en Colombia y América Latina.

A esta situación se suma una debilidad institucional evidente. Durante el gobierno han pasado 3 ministros de Educación Alejandro Gaviria, Aurora Vergara y Daniel Rojas Medellín en un periodo de 3 años y 7 meses. Esta rotación constante ha generado discontinuidad en las políticas públicas: cada administración redefine prioridades, interrumpe procesos y diluye cualquier intento de reforma de largo plazo. La falta de una línea estable impide consolidar transformaciones reales en la calidad educativa.

El problema también toca aspectos del sistema: no hay mejoras en la formación docente ni en el currículo, y persisten resistencias de los sindicatos a mecanismos de evaluación que permitan elevar estándares. En muchos casos, los docentes del sistema público carecen de incentivos o vocación suficiente, mientras que las autoridades territoriales alcaldes y gobernadores no lideran con decisión la lucha por la calidad. El resultado es un sistema que se administra, no se transforma, no avanza.

Sin educación de calidad no hay verdadera libertad. Una persona sin formación carece de herramientas para decidir su futuro, depende más del Estado y tiene menores posibilidades de movilidad social. La educación es la base del desarrollo personal y económico, el camino hacia la meritocracia y la igualdad de oportunidades. Es el ascensor social….Sin educación, las personas tienen menos capacidad de elegir su propio destino. Más educación de calidad significa más libertad individual. Lo contrario la inacción, la improvisación y la falta de rumbo perpetúa la desigualdad. Y ese, hoy, es el saldo más preocupante.

Propuesta: El progreso del Colombia depende de un modelo educativo orientado a la productividad, con docentes fortalecidos, formación pertinente y una visión estratégica alineada con las necesidades del siglo XXI.

Una educación más articulada con la vocación productiva, fortaleciendo la formación técnica y tecnológica. Tener en cuenta que ampliar cobertura sin calidad, no genera desarrollo y la dignificación del docente, mediante incentivos (vivienda social y capacitación), para mejorar motivación y desempeño, es una necesidad. También se destaca el uso de herramientas tecnológicas (televisión, plataformas digitales) para nivelar conocimientos desde la educación inicial hasta la media. Y es allí, donde el docente debe ser evaluado, se le califique y logre acabar con la baja calidad educativa, la deserción escolar y la desconexión entre educación y empleo.

Yolanda Varela de Calderón

Licenciada en educación, magister, docente y directiva docente.