La sociedad no puede existir sin producir aquellos bienes y servicios que se requieren para atender las necesidades básicas fundamentales de los seres humanos.
En dichas condiciones, el trabajo se convierte en el factor esencial para la generación de riqueza que en la sociedad capitalista surte las arcas de los monopolios que se la apropian para su beneficio a partir de la explotación económica del trabajo que se realiza como resultado del proceso de la producción, distribución e intercambio comercial hasta llegar al consumidor final.
De acuerdo con algunos estudios estadísticos, quienes afrontan con mayor rigor la explotación laboral son aquellos trabajadores que carecen de la capacitación suficiente para vender la fuerza de trabajo a su empleador, que en muchos casos se aprovecha de su precaria condición económica y social.
Esta situación se vuelve más evidente en aquellas circunstancias de crisis económica en que crece el desempleo y no se encuentra otra alternativa que venderse, incluso por debajo del salario mínimo, al tiempo que aquellos que laboran en empresas privadas o estatales temen ser despedidos en cualquier momento por sus empleadores.
Lo anterior se agudiza aún más con las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial con las que se reemplaza el trabajo humano y presencial, aumentándose la tasa de desempleados en las ciudades y en especial en las zonas rurales.
De esta tragedia no se escapan los profesionales independientes como médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, periodistas, contadores, peritos, etc., que no pueden desempeñar sus labores de manera autónoma e independiente tal como lo hacían en el pasado y ahora para obtener un trabajo tienen que depender de un determinado empleador público o privado que los contrata como simples asesores o para realizar una determinada labor profesional o técnica.
En nuestro país, de los 24 millones de trabajadores ligados a diferentes sectores de la economía nacional y regional, tan solo 2.3 millones reciben el salario mínimo, en tanto que el 51% son informales o trabajadores por cuenta propia.
Aunque en la actualidad, aunque la tasa de desempleo se ha reducido al 9.2% generándose con ello un relativo aumento del empleo, la tasa de informalidad continúa siendo mayoritaria, lo cual obedece en buena medida a la contratación oficial a nivel nacional y regional y al mejor desempeño de actividades relacionadas con la economía de los servicios profesionales, artísticos, de entretenimiento, gastronomía, hotelería, etc. Igualmente obedece a la actividad inmobiliaria y financiera y del comercio en general, al tiempo que se han desmejorado los trabajos en el agro, el transporte y la construcción.
El hecho de que algunos ciudadanos hayan obtenido empleo y otros se encuentren desempleados, no modifica sustancialmente el panorama laboral que se vive en el país, más allá de lo cual dichos fenómenos tan solo tienen un carácter transitorio que con el paso del tiempo poco o nada contribuyen a resolver la crisis que se cierne en el país en donde aquello del trabajo estable y duradero no deja de ser más que una ilusión mientras crece la dependencia económica de nuestro país, de las economías de otros países mientras que en materia industrial nos convertimos en maquiladores y exportadores de materias primas e importadores de bienes y servicios que influyen en la demanda de trabajo y no genera bienestar para centenares y miles de trabajadores que no hacen parte de la economía productiva del país lo que demandan de un cambio estructural y funcional en materia económica y laboral
ADENDA: Los ciudadanos no deben sorprenderse con la actitud asumida por la Fiscal General de la Nación, quien en ejercicio de sus funciones ordenó suspender las órdenes de captura de varios de los delincuentes condenados y que pagan sus condenas en cárceles de Antioquia; o cuando el mandatario de los colombianos dicta varios decretos que rebasan los límites de la Constitución y de las leyes de la república o participa abiertamente en la campaña electoral en favor de su candidato, lo cual tiene por objeto asegurar la permanencia de su partido político en el poder del Estado, al contrario de lo que pretende la oposición, de acceder al mismo utilizando para ello todas las formas y métodos en la lucha competitiva por el poder del Estado. Esto es precisamente, lo que sucede en medio de la campaña electoral para la elección del nuevo presidente de la república, la cual se desarrolla en un ambiente caldeado por la polarización y cargado de violencias y chantajes que tienden a profundizarse por cuenta de los autoritarismos, reformismos y populismos de derecha y de izquierda que solo contribuyen a deteriorar el orden económico, político y social, el principio de legalidad, los valores democráticos, la paz y la convivencia social.