En todas las ciudades, salvo excepciones si es que las hay, están presentes, tanto en su artefacto, habitantes y actividades, en mayor o menor grado, de una u otra manera, y en un tiempo o en otro, algunas de las varias circunstancias confirmadas por Nicholas Wade en Una herencia incómoda / Genes, raza e historia humana, 2014, entre ellas el “tribalismo”; la “religiosidad” y la “mentalidad de rebaño”, mas las estudiadas por Moisés Naím y Francisco Toro en Charlatanes / Cómo estafadores y embaucadores manipulan a los medios, a los mercados y a las masas, 2026, como lo es el “sesgo de confirmación”, el “razonamiento motivado” y la “prueba social”.
En las ciudades, en tanto artefactos que son la suma de muchos otros (espacios y edificaciones) se da principalmente el “sesgo de confirmación” es, justamente, la inclinación a todo lo que corrobora de inmediato las vivencias de cada uno al respecto, recordando la información preexistente a partir de sus viajes a otras ciudades, e interpretándolas a conveniencia y por lo tanto confirmándolas sin analizar sus circunstancias. Y el “razonamiento motivado” se da cuando se parte de la conclusión y no llegando a ella, confirmando los resultados que inconscientemente se deseaban desde el inicio, y en consecuencia priorizando el motivo sobre la objetividad.
Respecto a los diferentes habitantes de las distintas ciudades, el “tribalismo” es en ellas una fuerte identificación y lealtad con un determinado grupo, de cualquier tipo que sea (económico, social, político, recreacional, deportivo) que se caracteriza por la preferencia hacia los “propios” y la desconfianza u hostilidad hacia los “otros”. Por su parte, la “mentalidad de rebaño” es aquella acostumbrada tendencia a seguir los comportamientos, acciones y creencias de un cierto grupo de ciudadanos al que se pertenece, sin mediar un análisis propio y racional, dejándose llevar sólo por la emoción o el miedo a quedar por fuera del mismo.
Con relación a las diversas actividades que se realizan en las distintas ciudades, la “prueba social” es la que se obtiene cuando se comprueba que el valor de algo coincide con el que le dan las demás personas; o imitando su comportamiento, especialmente en situaciones inciertas; o mediante encuestas, reseñas, testimonios, seguidores, respaldos, expertos, estudios de casos, y sellos de aprobación o certificaciones. Y la “religiosidad” en las ciudades es la devoción, el fervor y el cumplimiento de las obligaciones de una fe, sea esta religiosa u otra de cualquier tipo; y también se refiere a un exagerado rigor, puntualidad o exactitud en cualquier cosa.
Por otro lado, y para rematar, todas las distintas ciudades, unas más que otras, de diversas maneras y en diferentes momentos, son presa de los charlatanes de toda la vida, ya que estos se aprovechan de las vulnerabilidades más enraizadas en sus diferentes habitantes, como las ya mencionadas arriba. En consecuencia, amenazando todos los distintos aspectos de la vida en las ciudades, tanto a sus habitantes como a sus diversas actividades, y por lo tanto a la ciudad misma, privilegiando lo artificial sobre lo natural, pues la tecnología les permite inmiscuirse en todo, y cada vez más con el creciente uso indebido de la Inteligencia artificial.
En consideración a todo lo afirmado a lo largo de esta breve columna, los dos libros mencionados en el primer párrafo constituyen una oportuna y pertinente advertencia para el futuro de las ciudades, y del mundo, con independencia del ámbito en el que se opere: artefacto, habitantes o actividades; pero siempre considerando que usualmente todos esos distintos ámbitos están incluidos en todos los demás. La lectura de dichos libros sin duda es procedente pues se trata nada menos que de una herencia incómoda de la que se aprovechan los charlatanes.
Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.