Las consultas interpartidistas de marzo dejaron de ser un trámite previo para convertirse en la primera confrontación real de la elección presidencial. En el escenario colombiano, estas consultas funcionan como un filtro político que define visibilidad, fuerza electoral y viabilidad antes de la primera vuelta del 31 de mayo. Nunca antes se habían realizado dos consultas simultáneas con un número tan alto de aspirantes presidenciales, lo que las convierte en un termómetro anticipado de la contienda de 2026.
En la centroderecha y la derecha se dará la “Gran Consulta por Colombia”, un ejercicio inédito por su amplitud y diversidad. En ella participan Paloma Valencia, Juan Manuel Galán, Vicky Dávila, Mauricio Cárdenas, Alejandro Gaviria, David Luna, Juan Daniel Oviedo, Jorge Palacios y Juan Carlos Pinzón. Esta consulta busca ordenar un bloque político y producir un candidato con legitimidad electoral para competir por el poder. Enrique Peñalosa está inscrito como candidato presidencial para 2026 y ha sido invitado a la “Gran Consulta por Colombia”. No hay una declaración en 2026, donde explique si participará o no en la consulta del 8 de marzo.
En este espacio de la Gran consulta, el papel de Álvaro Uribe como gran elector resulta determinante, especialmente por su respaldo explícito a Paloma Valencia, candidata del Centro Democrático.
En la izquierda, el proceso se concentra en la consulta del Frente Amplio, disputada entre Iván Cepeda y Roy Barreras. Inicialmente se mencionó a Carlos Caicedo, su decisión de no integrar ninguna consulta , está para una candidatura independiente de izquierda, lo que lo posiciona como aspirante directo a la primera vuelta. Claudia López, ha perfilado su aspiración presentando más de 1,2 millones de firma, critica al gobierno y es de centro izquierda.
Y aquí el gran elector es Gustavo Petro y su gran maquinaria , el gobierno nacional, mayoritariamente con Cepeda.
Estas consultas no definen al presidente, pero sí la pauta política hacia mayo. A medida que avanza la inscripción y se decantan las candidaturas, el escenario se va estrechando. Si el proceso continúa como está planteado, a la primera vuelta llegarían un máximo de cuatro candidatos realmente competitivos: los dos ganadores de las consultas, más Sergio Fajardo y Abelardo de la Espriella, los únicos grandes nombres que han decidido mantenerse por fuera de estos procesos y que hoy puntean en las encuestas al comenzar 2026.
La historia reciente demuestra que ganar una consulta no garantiza ganar la Presidencia. Gustavo Petro en 2018 y Federico Gutiérrez en 2022 son ejemplos claros de que la victoria en este primer filtro no asegura el triunfo final. Sin embargo, no participar también tiene costos. Fajardo evita la consulta porque su fortaleza está en la opinión y no en la maquinaria, además de que estas coinciden con la elección congresional, donde pesan las estructuras partidistas. De la Espriella, por su parte, considera que medirse prematuramente puede desgastarlo sin asegurarle una ventaja definitiva.
Participar en la consulta ofrece beneficios claros. En teoría, permite sumar hasta 8 millones de votos potenciales, construir estructura, relato de fuerza y respaldo. Además, actúa como una especie de primera vuelta al otorgar alta visibilidad mediática y generar un efecto de agrupamiento alrededor del ganador, con aumento de favorabilidad y adhesiones posteriores.
Un triunfo claro en consulta funciona como un sello de certificación política. No garantiza la Presidencia, pero sí algo importante en Colombia: ser tomado en serio como una opción real de poder y aquí juega la financiación empresarial. Las consultas de marzo no definen el resultado final, pero sí quiénes llegan con posibilidades reales a disputarlo.