Las fiestas de navidad son una gran ocasión ética para generar paz, unión y respeto en las familias y los vecinos, a su alrededor renovamos sentimientos, escuchamos, servimos y agradecemos. La mesa se convierte en un microcosmo social donde todos se expresan y son valoradas sus ideas, aprovechamos para manifestar afectos que durante el año no se ha podido por la lejanía o por que la rutina nos absorbe.

Considero que alrededor de la mesa por sencilla que sea realizamos un acto de unión que supera la celebración y fortalece la paz en el hogar y desde ahí mismo se proyecta hacia la sociedad.

Pensar en navidad es compartir el espíritu de familia, es volver a visitar amigos, saborear comidas de diferentes regiones o países, en esto han sido esenciales nuestras abuelas que con su admirable memoria trasmiten la elaboración de platos, dulces, gracias a ellas todo ese sabor no se pierde.

Después del rezo de la novena es el momento de saborear buñuelos que se elaboran con queso y almidón, nos representa abundancia y alegría, su origen es una mezcla española con adaptación criolla, además, le unimos la natilla que es un postre hecho con leche, panela, canela y maicena, a lo anterior imposible que falte el manjar blanco que es sin duda el símbolo por excelencia de la navidad colombiana, que se cocina por horas con leche y azúcar, y se acompaña de hojaldras y brevas, y si estamos en tierra fría no puede faltar la bebida caliente de canela: agua de panela con aguardiente.

De esta manera el rezo navideño, la comida, nos sirve a los colombianos para generar unión familiar y de barrio, las distancias se acortan y compartimos en un país que se desangra por nimiedades y torpezas que aún no hemos sido capaces de superar.

La sola mención de las comidas de navidad nos delata que somos una fusión de herencia española: natilla, buñuelos, pavo, con la tradición indígena: maíz, envueltos, tamales, y los sabores afrodescendientes con los dulces caribeños y de unos años para acá le hemos sumado modernidad nos servimos pavo, vino en las cenas formales. Todo lo anterior hace que la navidad colombiana sea mestiza, muy diversa y festiva.

Además de esas sabrosuras, la navidad tiene un encanto simbólico lleno de afecto es la oportunidad de unir familias, vecinos, compañeros de trabajo, creando lazos afectivos que luego se transmiten entre las generaciones y todo esto está sujeto a lo siguiente: cada familia tiene su propia receta, su propio sabor y lo mejor tiene una historia de años que es agradable conocerla es tradición viva, es memoria colectiva y patrimonio cultural.

Para finalizar: la navidad colombiana es sabor a hogar, es volver a estar juntos en familia y amigos, es un espacio de paz, saludos.

Jorge Enrique González Rojas