Al estudiar una ciudad, en su peculiar localización en una región, más su urbanismo, paisajismo y arquitectura, se pueden identificar mejor los distintos valores relevantes en ella en lo simbólico, histórico, cultural, económico y político, lo que contribuye a su mejor uso respecto a las actividades que se desarrollan en ella, como al placer de sus habitantes. Se trata de entender y comprender la ciudad para poder intervenir acertadamente en su planificación y vivencia.

              Su emplazamiento geográfico en la región que la rodea, define sus alrededores y la relación con su patrimonio natural en tanto sus característicos paisajes; y la historia de la región determina su patrimonio cultural mueble como celebraciones, fiestas, músicas, tradiciones, costumbres, usos, comidas y bebidas. Es lo que se deriva de su ubicación en una superficie dada de un continente y de este en la Tierra, considerando sus características naturales y humanas.

              Los paisajes naturales a su alrededor, como en su interior, sean mares, ríos, valles o cordilleras, la caracterizan en la memoria de sus habitantes; y su conocimiento, en tanto su relieve, aguas, vegetación y fauna, es importante para su conservación y buen uso, convirtiendo el disfrutar de dichos paisajes en parte de las costumbres de la ciudad. Actividades recreativas complementarias de los diversas ocupaciones y menesteres cotidianos de sus habitantes.

              Definir su urbanismo, en tanto la organización en el territorio de sus espacios urbanos públicos, como calles, paseos, avenidas, plazas, parques y zonas verdes; y las edificaciones que los conforman, sean para vivienda o demás usos, y las de carácter patrimonial y monumentos, ayuda a entender la ciudad y a utilizarla convenientemente. O sea, poder hacerlo de manera útil, oportuna, provechosa, respetuosa, agradable y, en no pocas ocasiones, también emocionante.

              Y la arquitectura, en tanto volúmenes apreciables desde lejos que se concretan poco a poco a medida que se acerca a ellos, generando diversas emociones, define los espacios urbanos públicos de la ciudad, y a esta misma, debido al peculiar emplazamiento de sus diversas edificaciones, como a sus distintas funciones e incluso a sistemas constructivos. Se trata de agradables y pasajeras alteraciones del ánimo propias de la belleza de su arquitectura.

              Estudiar todos los cuatro temas (emplazamiento, urbanismo, paisajes y arquitectura) es básico para la mejor conservación y crecimiento ordenado de una ciudad, entendida como el artefacto más sus habitantes y sus actividades, en lo que de entrada reside su seguridad, funcionalidad, confort y placer en ella. Son aspectos en los que reside la mejor actualidad del artefacto para sus habitantes y sus actividades, y por lo tanto el éxito de una ciudad.

              Resumiendo, la geografía, historia y presente de una ciudad permite entender cómo movilizarse fácil, rápido y cómodamente por ella, y al tiempo disfrutarla en tanto su urbanismo, paisajismo y arquitectura, más sus diversos transeúntes y ocupaciones. Y por supuesto siempre hay que continuar estudiando la ciudad: su artefacto, habitantes y actividades, para poder intervenir el ella pertinentemente y vivirla con seguridad, eficiencia, confort, placer y emociones.

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.