Colombia enfrenta hoy el riesgo real de repetir uno de los episodios más traumáticos de su historia económica reciente: un apagón nacional. Hace 32 años, el país sufrió 11 meses de racionamientos derivados de un fenómeno de El Niño que encontró un sistema de generación estatizado, frágil y sin respaldo térmico. Ese apagón obligó a alterar horarios, paralizó sectores productivos y afectó gravemente la vida cotidiana.
La nación aprendió entonces una lección costosa y estructuró un mercado eléctrico con: participación privada, expansión planificada, regulación técnica y supervisión estatal. Ese modelo fue reconocido por su confiabilidad, aunque hubo desmanes económicos y legales con las termicas. Sin embargo, hoy está en riesgo por la combinación de tres factores: déficit creciente de oferta, retrasos masivos en nuevos proyectos y mayor demanda en una economía electrificada.
- Un déficit que ya empezó y que se profundizará. El operador del Sistema Interconectado y el administrador del Mercado de Energía Mayorista de Colombia XM reportó que la demanda ya supera la oferta en 1,6%, un dato que marca un punto de quiebre. Las proyecciones son aún más preocupantes:
2027: déficit de 3,5%
2028: déficit de 0,9%
Un nuevo fenómeno de El Niño encontraría al país vulnerable, sin la capacidad de respuesta técnica que caracterizó a la matriz energética en décadas anteriores.
- La expansión fallida: un retraso crítico. Entre 2020 y 2025, Colombia esperaba incorporar más de 23.000 MW de nueva generación. En realidad, solo entraron cerca de 4.400 MW, un incumplimiento sistemático:
Año Entrada esperada (MW) Entrada real (MW)
2020 2.299 361
2021 1.868 132
2022 3.613 995
2023 6.608 1.155
2024 5.720 1.447
2025 3.517 299
La consecuencia es evidente: la oferta no crece al ritmo necesario, mientras la demanda del país sí lo hace.
- Las advertencias internacionales: la energía perdida colapsa economías
Varios países han sufrido apagones recientes que ilustran el costo económico y social de no asegurar confiabilidad:
- Ecuador: déficit de 1.900 MW, racionamientos de hasta 10 horas, pérdidas de US$12 millones por hora.
- México: apagones en 16 estados en 2024; pérdidas de US$200 millones por hora para la industria manufacturera.
- Chile: 98,5% del país sin energía por un fallo técnico en una línea troncal.
- España y Portugal (2025): apagón de casi 24 horas causado por fallos de frecuencia y dependencia de renovables intermitentes.
Estos casos demuestran que los apagones modernos ya no son producto solo del clima; también de sistemas frágiles, mal regulados o sin respaldo térmico suficiente.
- El costo económico y social para Colombia
Fedesarrollo fue claro: Un racionamiento costaría 1,5 puntos del PIB. Significaría 260.000 empleos perdidos al año. Empujaría a 250.000 personas adicionales a la pobreza.
La energía no es un sector más: es el soporte del aparato productivo y de la cohesión social. Una interrupción masiva tendría impactos en transporte, salud, telecomunicaciones, alimentos, comercio y seguridad.
- Riesgo 2027–2028: la ventana crítica. Expertos del sector advierten que el riesgo de apagón se concentra entre 2027 y 2028, coincidiendo con un posible nuevo fenómeno del Niño. La confiabilidad del sistema depende de:
Que la subasta de cargo por confiabilidad en curso se adjudique adecuadamente.
Que los proyectos ganadores entren a tiempo, algo que no ha ocurrido en la última década. Para agravar el panorama, compañías privadas han manifestado dudas sobre participar en la subasta de expansión anunciada por el Gobierno, citando incertidumbre regulatoria y falta de señales claras para invertir.
Colombia enfrenta el mayor riesgo energético desde 1992.
La crisis no es producto del azar, sino de planes que no se cumplieron, demoras estructurales, señales contradictorias a los inversionistas y un déficit acumulado que ya llegó al sistema.
El país está a tiempo de evitar un apagón, pero requiere decisiones urgentes, técnicas y despolitizadas. Mientras tanto, la economía, el empleo y la estabilidad social dependen de un recurso que hoy está en duda: la energía firme que garantice que Colombia no vuelva a apagarse.