En Cali, la calidad del aire y del agua se gestiona desde programas ambientales que buscan prevenir riesgos, monitorear indicadores y orientar a la ciudadanía en acciones que contribuyan a mejorar las condiciones ambientales. En los últimos dos años, la administración local y entidades como el DAGMA han fortalecido el seguimiento técnico y la educación comunitaria, integrando alertas, campañas y herramientas de reporte ciudadano.
La gestión del aire se centra en el control de emisiones, el monitoreo de estaciones y la identificación de fuentes móviles e industriales. Las estaciones de vigilancia permiten medir material particulado, ozono y otros compuestos. Con estos datos se emiten reportes periódicos para orientar decisiones de salud pública. En 2024 y 2025 se reforzó la articulación con transporte y movilidad para disminuir emisiones en corredores críticos, especialmente en temporadas de alta circulación y eventos de quema en zonas rurales. También se han desarrollado espacios de formación con instituciones educativas y empresas para ajustar prácticas de producción y desplazamiento.
En cuanto a la calidad del agua, los programas se enfocan en el control de vertimientos, la protección de cuencas y la vigilancia de fuentes superficiales y subterráneas. Las inspecciones y muestreos ayudan a detectar cambios en parámetros físicos, químicos y microbiológicos. En los últimos dos años se han realizado intervenciones en puntos del río Cali y del río Meléndez para reducir carga contaminante y fortalecer la recuperación de rondas hídricas. La ciudad también avanzó en campañas de uso eficiente del agua en hogares y comercios, impulsadas por los periodos de sequía asociados a variaciones climáticas.
Una experiencia reciente es el fortalecimiento del sistema de alertas por calidad del aire. En 2024 se actualizó el protocolo para días de concentración elevada de material particulado, lo que permitió mejorar los tiempos de respuesta y las recomendaciones dirigidas a población sensible. De forma paralela, se ejecutaron jornadas de arborización urbana para contribuir a la reducción de islas de calor y aumentar zonas de sombra.
En saneamiento hídrico, un ejercicio destacado fue la intervención comunitaria en barrios localizados cerca de quebradas urbanas. Vecinos, colegios y grupos ambientales participaron en recorridos y limpiezas, acompañados de equipos técnicos que explicaron cómo se evalúa un cuerpo de agua y qué acciones pueden disminuir la contaminación. Esto ayudó a mejorar puntos críticos identificados en visitas anteriores.
Otro avance ha sido la ampliación del uso de plataformas digitales para reportar fuentes de contaminación. Ciudadanos pueden informar olores, humo, vertimientos o cambios visibles en el color del agua. Estos reportes se canalizan hacia las áreas técnicas para verificar las causas y promover correctivos. En 2025 se aumentó la capacidad de respuesta gracias a un sistema de priorización de casos.
Para quienes necesitan apoyo, la ruta de atención inicia con un reporte oficial. En temas de calidad del aire, se puede solicitar orientación a través de las líneas del DAGMA o de su portal web, donde se reciben quejas por emisiones industriales, quema de residuos, polvo o vehículos que superan los niveles permitidos. La entidad realiza visitas de verificación y emite recomendaciones según la normativa vigente.
En calidad del agua, las solicitudes se pueden hacer por posibles vertimientos, afectaciones en quebradas, cambios en el suministro o riesgos sanitarios. Los usuarios deben describir el lugar, la fecha y el tipo de afectación. Tras el reporte, equipos técnicos realizan muestreos o inspecciones. Si hay riesgo de salud, se articulan acciones con salud pública y empresas prestadoras del servicio.
Las comunidades que requieren acompañamiento para proyectos ambientales pueden acceder a asesorías para formación, manejo adecuado de residuos, uso responsable del agua y seguimiento a impactos locales. Estos apoyos se solicitan mediante cartas, correos o formularios virtuales. La participación de juntas de acción comunal y grupos juveniles ha permitido ampliar la cobertura de estas actividades durante 2024 y 2025.
En Cali, la promoción de la calidad del aire y del agua combina vigilancia técnica, control ambiental y participación ciudadana. Las experiencias recientes muestran avances en monitoreo, alertas, educación y respuesta a quejas. La ruta de acceso es sencilla: reportar, solicitar acompañamiento y seguir las orientaciones oficiales. Estos mecanismos permiten fortalecer la gestión ambiental y reducir riesgos para la población.