El fenómeno de El Niño podría convertirse en uno de los episodios más intensos de las últimas cuatro décadas. La Organización Meteorológica Mundial (OMM), estima una probabilidad cercana al 100 % de que El Niño persista hasta febrero de 2027. Es una amenaza que vuelve a encender las alarmas

Un océano Pacífico excepcionalmente caliente

Entre mayo y julio de 2026, la temperatura superficial del mar en la región Niño 3.4 estuvo, en promedio, 1,5 °C por encima de lo normal. En julio llegó a +2,0 °C, mientras que entre finales de julio y mediados de agosto se registraron valores semanales de entre +2,2 °C y +2,6 °C. Debajo de la superficie del océano Pacífico, algunas zonas presentaron temperaturas de más de 8 °C por encima del promedio. 

Sequías, incendios e inundaciones

El Niño no es simplemente una variación de la temperatura del océano. Su influencia puede extenderse por diferentes regiones y alterar los patrones de lluvia y temperatura. La OMM advierte sobre un mayor riesgo de sequías, inundaciones, olas de calor e incendios forestales. 

Colombia frente al desafío del agua

Para Colombia, la amenaza tiene una dimensión ambiental, económica y social. Una reducción prolongada de las lluvias puede disminuir los caudales de los ríos, afectar los ecosistemas, aumentar la presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua y generar dificultades para la generación hidroeléctrica. También, las temperaturas elevadas pueden aumentar el riesgo de incendios forestales.

El campo, uno de los sectores más vulnerables

La menor disponibilidad hídrica puede reducir la producción de cultivos y afectar la ganadería. Una menor oferta y mayores costos de riego y transporte podrían elevar los precios de los alimentos. El Niño representa así un riesgo no solo climático, sino también para la seguridad alimentaria y la economía.

La prevención puede reducir el impacto

La anticipación puede marcar la diferencia frente a una emergencia climática.

Las alertas de Naciones Unidas permiten preparar reservas de agua y sistemas de salud. También ayudan a reforzar la prevención de incendios y proteger las cuencas hidrográficas. La preparación de embalses, agricultores y comunidades vulnerables será fundamental.

La advertencia debe convertirse en acción

Si las previsiones indican prácticamente 100 % de probabilidad de continuidad de El Niño hasta febrero de 2027, ignorar las señales sería una decisión difícil de justificar. El desafío no consiste en detener un fenómeno natural que no podemos controlar, sino en disminuir sus consecuencias.

Esta crisis climática presiona al límite los tres pilares estructurales de la nación: la seguridad energética, el abastecimiento de agua y la producción agrícola.

SECTORES MAS AFECTADO INDICADOR CRITICO IMPACTO DIRECTO
Energía e Hidroeléctricas Nivel de embalses bajo el 28% Riesgo inminente de apagón
Agricultura y Alimentos Pérdidas proyectadas del 30% Inflación y escasez de comida
Gestión del Riesgo y Bosques Alerta roja por incendios en 80% Destrucción de páramos y selvas

La matriz eléctrica colombiana depende en más de un 68 % de la fuerza del agua (generación hidráulica).

Nivel de embalses: Los complejos hidroeléctricos del centro y oriente del país registran niveles agregados por debajo del 28 % de su capacidad útil, rozando el “nivel crítico” que obligaría a aplicar cortes programados de luz.

Sobrecarga térmica: Para evitar un apagón general, el país ha tenido que encender el 100 % de sus plantas termoeléctricas alimentadas por gas y carbón. Esto no solo dispara las emisiones de gases de efecto invernadero del país, sino que incrementa las tarifas residenciales de energía en más de un 35 %.

Ana Lucia Arango M