El Deportivo Cali ha puesto punto final a la especulación sobre la continuidad de Alberto Gamero al frente del banquillo verdiblanco. Aun con la eliminación anticipada de la Liga BetPlay 2025-II, el club ha decidido respaldar al timonel samario hasta la temporada 2026, en un simbólico gesto de apuesta al proceso y de cara al nuevo impulso que se avecina dentro de la institución. La decisión fue anunciada por el grupo IDC, máximo accionista desde agosto, y refrendada por el propio técnico, con el firme objetivo de generar estabilidad en un momento crítico para la entidad.

La campaña reciente fue complicada: tras haber sido contratado con la promesa de retornar al equipo a los cuadrangulares y pelear por títulos, Gamero y el Cali vivieron un semestre de altibajos, marcada por cuatro derrotas consecutivas y una preocupante irregularidad como local que derivó en la pérdida de 15 puntos en casa. Fue el primer fracaso del técnico en Colombia desde 2020, lo que elevó la tensión en torno a su continuidad. Aun así, la dirigencia decidió no abrir una casi anunciada crisis, sino darle un voto de confianza para liderar la reconstrucción.

Desde el club se avala el mensaje de que la ausencia en la fase final no representará un punto final, sino un catalizador para la transformación: “Sabemos que tenemos que dar más” fue la autocrítica del entrenador, quien reconoció la deuda con los hinchas y una plantilla que debe reforzarse. En la rueda de prensa reiteró su compromiso y señaló que errores de gestión, dificultades económicas al inicio de su gestión y falta de continuidad en los entrenamientos repercutieron directamente en los resultados.

Con el respaldo definido, la mirada del club cambia. Para la temporada 2026 se proyecta un reordenamiento profundo: fichajes de peso, mayor inversión en nómina, ambición de pelear por los primeros lugares y un plantel que responda al ADN de un club que exige protagonismo. La continuidad de Gamero es la señal de que ese plan no se hará de improviso, sino desde la consolidación de un proyecto técnico a mediano plazo.

Este paso implica además un llamado a la calma para la afición: el mensaje es claro, no se trata de un experimento, sino de un proceso en el que el entrenador tendrá margen, pero también se entenderá que la exigencia está condicionada a los resultados. El Deportivo Cali entra en una nueva etapa: sin cambiar de rostro, pero sí de perspectiva. Y Alberto Gamero tendrá la última palabra en cómo se diseña esta nueva versión de los verdiblancos.

Redacción