El panorama energético en Colombia luce cada vez más dificil y frágil para octubre de 2025. Empresas generadoras del país han enviado cartas de advertencia a la Comisión de Regulación de Energía y Gas (CREG), advirtiendo que decisiones políticas recientes podrían replicar una crisis del tipo “apagón”, similar al registrado en la década de los 90, si no se actúa con rapidez y previsión.
La combinación de retrasos, déficits en capacidad firme y decisiones regulatorias podrían desencadenar cortes generalizados de electricidad hacia 2026-2027
El sistema eléctrico colombiano opera bajo una doble tensión: por un lado, enfrenta restricciones estructurales acumuladas en los años; por el otro, sufre impactos inmediatos de decisiones regulatorias y demoras en obras estratégicas.
Históricamente, Colombia se ha apoyado en una combinación de generación hidroeléctrica (liderando), respaldada por plantas térmicas como complemento firme. Sin embargo, con las crecientes variaciones climáticas y un uso intensivo de los embalses, la holgura (margen de reserva) del sistema se ha estrechado peligrosamente.
Según reportes, ese margen de seguridad pasó de aproximadamente 8 % hace una década a cifras negativas, lo que significa que no hay capacidad de reserva ante fallas inesperadas.
Una alerta especialmente crítica es la demora de 905 megavatios (MW) de energía eólica previstos para entrar en operación desde La Guajira, que ya no llegarán a tiempo para paliar la escasez proyectada. Entre estos proyectos está Windpeshi, adquirido por Ecopetrol, que no estaría operativo antes de 2027.
Esta demora de capacidades críticas debilita la diversificación energética y reduce la confiabilidad del sistema ante picos o contingencias.
Según las generadoras, algunas decisiones políticas recientes, incluidas modificaciones al “Cargo por Confiabilidad”, podrían afectar los ingresos que sostienen la operación de generación firme, desincentivando inversiones necesarias.
Además, el impago y la acumulación de subsidios del gobierno afectan la viabilidad financiera de los actores del sistema.
Expertos advierten que el país podría enfrentar apagones similares a los de los años 90 si ocurre una falla simultánea en generación hidráulica o térmica.
Si los proyectos no se activan en los plazos previstos, el riesgo de desabastecimiento eléctrico se agudizaría a partir de 2026-2027.
El exdirector de la CREG, Jorge Valencia, ha afirmado que el país ya pasó desde un escenario hipotético a uno tangible de apagón.
Las generadoras sostienen que un apagón no sería resultado de un solo error técnico, sino de la acumulación de decisiones adversas en un sistema con márgenes mínimos.
Para evitar el colapso energético, Colombia debe:
- celerar la puesta en marcha de proyectos claves, especialmente los eólicos retrasados en La Guajira, para recuperar capacidad firme y diversificar la matriz.
- Asegurar incentivos reguladores para la generación firme (hidráulica y térmica), con modelos de remuneración que garanticen estabilidad financiera.
- Incrementar inversión en redes de transmisión y almacenamiento eléctrico, para absorber mejor el crecimiento de energías intermitentes.
- Fortalecer la planificación energética de largo plazo, con escenarios realistas de demanda y de cambio climático.
- Transparencia y coordinación entre gobierno, reguladores y actores privados, para tomar decisiones con tiempo y evitar políticas erráticas que minen la confianza.
Cada mes sin avances aumenta la probabilidad de apagones que Colombia no puede asumir y estos no se dan en la tecnocracia y menos estratégicos. Las advertencias ya no son discusión técnica lejana, son una llamada urgente a prevenir el desastre eléctrico que muchos hoy creen que ya está en camino.