Después del periodo geológico del Paleolítico, nuestros ancestros desarrollaron las herramientas metálicas y se formaron las ciudades gracias al desarrollo de la agricultura por la invención del arado tirado por animales y luego los humanos dieron un nuevo y fundamental paso con la invención de la rueda que facilitó el transporte de bienes y personas en carruajes tirados por bueyes o caballos y aún hoy en muchas regiones de Asia y en los Andes funcionan los carros halados por humanos, – el taxi-cholo-. Siglos después se desarrolló la electricidad y luego la invención de la máquina de vapor, verdadera revolución que dio origen a los ferrocarriles, seguida del motor de combustión interna que facilitó aún más el transporte por tierra y agua y en el aire con la invención de la aviación.
Pero la gran transformación en las comunicaciones la originó el transistor, que pronto hizo olvidar el telégrafo, posibilitó la creación de los computadores y la llegada del internet, gracias a los cuales se realizaron los viajes espaciales y la comunicación se globalizó con los teléfonos móviles. Todos estos desarrollos fueron originados por la invención del diminuto interruptor eléctrico o transistor que reemplazó a los voluminosos, poco eficientes y con alto consumo de electricidad, pero revolucionarios en su momento, los tubos o válvulas de vacío. Muchos aún recuerdan el gran tamaño de los radios, los primeros televisores y computadoras con sus pantallas de rayos catódicos, las máquinas de escribir, otro gran adelanto en su momento y hoy piezas de museo.
El transistor, ese diminuto interruptor formado con partículas de silicio o germanio, gracias al descubrimiento de su capacidad de semicondución y que son hoy el corazón de toda la electrónica ya que sin él no existirían los actuales ordenadores, smartphones, equipos médicos y menos las redes digitales, para no mencionar al sistema de posicionamiento global o GPS, que remplazó con gran éxito a las brújulas con espejo, muy usadas para verse el perdido la cara.
En otras palabras, el transistor es el propulsor, igual que lo fue la rueda, del desarrollo del hoy caótico y sobrepoblado mundo, con múltiples y graves problemas gracias a la estupidez humana. Pero lo triste es que los desarrollos de alta tecnología no han mejorado la conducta humana y esa sobrepoblación igualmente incrementa la delincuencia y la existencia, en muchas regiones, de otras formas de esclavitud.
Solo la educación desde la casa sobre el buen comportamiento o enseñanza de la ética y la responsabilidad social mejorará el comportamiento del homo sapiens en este planeta de nuestro sistema solar, uno de los miles en la galaxia que llamamos la Vía Láctea. Quiera Dios que igual que como crece o se desarrolla la tecnología que cambiará la vida de las generaciones futuras, igual florezca o se acreciente el buen comportamiento y la conducta responsable de los humanos, que muchas veces no nos portamos a la altura del calificativo de homo sapiens.