San Antonio es un barrio que aún conserva su trazado original y un gran porcentaje de su arquitectura de tradición colonial y ecléctica. un reducto de lo que se conoce como El Cali Viejo porque no solo conserva su arquitectura sino sus tradiciones culturales como El Día de San Antonio de Padua y el Festival de Macetas, por citar algunas.

Todavía cuenta con habitantes raizales y con una organización comunitaria –FUNDESAN – que mantiene estas tradiciones y defiende con ahínco su patrimonio urbanístico, arquitectónico, cultural y ambiental, aunque no sean escuchados por la Administración Distrital.

El barrio con el transcurrir de los años se ha ido convirtiendo en atractivo turístico nacional e internacional por la belleza de su topografía, de su arquitectura, porque termina en una colina que es un mirador sobre la ciudad y donde se encuentra la Capilla de San Antonio, Bien de Interés Cultural de Colombia.

Esta afluencia de turistas, que en un comienzo generaba ingresos a sus moradores, con el tiempo ha suscitado el establecimiento de un sinnúmero de restaurantes y cafés, así como de pequeños hoteles boutique para huéspedes especialmente extranjeros, cuyo número, sin control y sin el cumplimiento de las normas, viene peligrosamente en aumento en comparación con el uso residencial.

Este desbordamiento ocasiona diversos problemas como la especulación inmobiliaria, pues los altos precios que adquieren las propiedades por el “boom” turístico hace que el perfil de los residentes cambie. Se presenta el desplazamiento directo cuando los propietarios expulsan a los inquilinos para convertir viviendas en hoteles y restaurantes; el desplazamiento indirecto ocasionado por el aumento de precios que obliga a mudarse y el desplazamiento simbólico producido por la pérdida del carácter original del barrio.

Los nuevos residentes, con otro poder adquisitivo, llegan con hábitos y costumbres diferentes y no comparten la identidad cultural del barrio, lo cual pone en peligro la sostenibilidad del patrimonio porque es la comunidad raizal la que lo defiende y lo preserva.

Así mismo desmejora la calidad de vida de los residentes y el uso del espacio público. Como se trata de un barrio patrimonial, es lógico que no existan parqueaderos públicos para albergar la cantidad de vehículos que diariamente llegan con los nuevos usos, por lo cual deben parquear en las calles, con la consecuente congestión de tráfico debido a sus calles estrechas y la molestia de sus residentes porque parquean en la entrada de sus garajes y aumenta el ruido y la polución. Igualmente afectan sus dinámicas peatonales, pues las personas transitan por la calle dados sus andenes angostos.

Del mismo modo se transforma la arquitectura. Los nuevos usos conservan relativamente las fachadas, pero transforman completamente la tipología de las construcciones al interior y en muchos casos eliminan los patios y los solares con árboles frutales, tan tradicionales de este barrio; es decir, preserva edificaciones históricas, pero las deja vacías de su valor arquitectónico y su contenido social original. La Alcaldía ha tenido que estar muy atenta de que no demuelan viviendas para convertirlas en parqueaderos y los nuevos propietarios, en las licencias de construcción presentan un proyecto conservador, pero en la realidad construyen algo totalmente diferente, afectando irremediablemente el patrimonio.

Igualmente se afecta el tejido social del barrio, sus relaciones de vecindad, de apoyo mutuo y por lo tanto su cohesión social. Los nuevos usos comerciales están desplazando al comercio minoritario, lo que conocemos como las tiendas de barrio, que además de surtir de lo esencial, son sitios de encuentro y de tertulia de los vecinos. El concepto de “mono cultura económica turística” produce la pérdida de negocios y de servicios que crean el tejido económico”.

Todas estas tensiones sociales han producido que la comunidad residente y raizal no sea un actor pasivo, sino que se organice y luche por su barrio, generando denuncias en los medios de comunicación y redes sociales, exigiendo a las autoridades más control.

El arquitecto Aldo Rossi, desde su teoría de la ciudad como arquitectura, explicaba cómo estos procesos de gentrificación “modifican los hechos urbanos consolidados, alterando la continuidad histórica del tejido urbano y sus significados colectivos”.

El barrio recibe visitantes locales, nacionales y extranjeros que solo permanecen temporalmente, sin generar vínculos comunitarios duraderos y la mayoría de las veces sin comprender o sin interesarse por sus valores culturales, más allá de la apariencia física del sector.

Este es un llamado para el Departamento Administrativo de Planeación Distrital para que tanto en la revisión que actualmente están haciendo del POT como del Plan Especial de Manejo y Protección del Centro de Cali, se les preste la suficiente atención a los barrios patrimoniales como La Merced, San Antonio, San Cayetano, Libertadores, San Bosco por citar solo algunos ubicados cerca del centro de la ciudad para que Santiago de Cali no siga destruyendo su memoria urbana por falta de una planificación acertada y un sinnúmero de normas que no se cumplen o se cumplen en las licencias de construcción pero no cuentan con el control posterior.

La ciudad ya ha perdido demasiado de su patrimonio, es hora de actuar antes de que sea muy tarde.

Yolanda Constain R