El refrán, atribuido al poeta español Antonio Machado (1875-1939), contenido en su obra Campos de Castilla, se refiere al mes más lluvioso de la península ibérica. Son las copiosas lluvias que darán en los meses siguientes la florescencia primaveral. Como hijos de la madre patria el refrán tuvo acogida en los países latinoamericanos.

 Se supone que las fuertes lluvias tropicales son mucho más acentuadas que las del hemisferio norte. Ahí encontramos el complemento de la segunda parte del refrán “mayo hasta romper los tejidos de la prenda conocida como sayo” por la excesiva humedad. 

En Cali y el Valle del Cauca las lluvias tradicionalmente llegan hasta mediados del mes de junio, época propicia para engrosar los cultivos y dar inicio a la etapa final de maduración, aprovechando la época seca siguiente para iniciar la cosecha en tiempo seco. Es por ello que, a lo largo del Valle del Cauca, y siguiendo la milenaria tradición de la bendición recibido de buenas cosechas, los municipios celebran sus fiestas anuales. 

Sin embargo, este año la región ha registrado un 35% superior de los registros usuales de otros años. Y el mes de mayo vislumbra un comportamiento similar. 

Lamentablemente los fuertes aguaceros que azotan la ciudad y municipios vecinos causan estragos de inundaciones, suspensión de servicios públicos, fallas en la movilidad y perdidas materiales. Se repite, una, otra, y mil veces el señalamiento a las autoridades municipales, departamentales, ambientales, empresas de servicio público por inexistente planificación para mitigar el fenómeno.

 La culpa no es del tiempo, de la naturaleza, del cambio climático, y cuantos otros señalamientos. La culpa es humana.  

El afán de invadir las zonas de ladera, que actúan como amortiguadores de aguas lluvias, bajo la permisividad de la autoridad, sumado a la deforestación de las cuencas e irrespeto por las franjas naturales de protección de los afluentes son, en parte, los causantes de la tragedia. La falta de zonas verdes, la pavimentación indebida de andenes que deben servir para siembra de árboles, las improvisadas viviendas multiplicadas en densidad, corredores viales sin alcantarillado pluvial convertidos en ríos de escorrentía de alta velocidad son todos factores de indisciplina, irrespeto y desorden caótico de convivencia. 

Las autoridades municipales del país buscan “el ahogado rio arriba”. Lamentan y proponen planes de obras de mitigación, cuando la verdadera responsabilidad recae sobre la inacción de operativos para desalojar la invasión, enjuiciar a las mafias enquistadas y condenas ejemplares a los promotores invasores. 

Las licencias ambientales, se han convertido en focos de corrupción. El desarrollador entrega dadivas y en retorno recibe el licenciamiento sin condiciones. En este caso, no son los urbanizadores piratas, sino empresas debidamente constituidas, que a cambio reciben beneficios para desarrollar proyectos sin respeto por la naturaleza, y de paso, amenazando los veedores, vecinos, juntas de acción comunal y juntas administradoras locales.

 Busquemos el “ahogado rio abajo”, y no lamentemos la inclemente fuerza de la naturaleza, que tan solo busca afanosamente su cauce natural.

Guillermo E. Ulloa Tenorio

Economista de la Universidad Jesuita College of the Holy Cross en Estados Unidos, diplomado en alta dirección empresarial INALDE y Universidad de la Sabana. Gerente General INVICALI, INDUSTRIA DE LICORES DEL VALLE, Secretario General de la Alcaldía. Ha ocupado posiciones de alta gerencia en el sector privado financiero y comercial.