De acuerdo con lo establecido en el Manual de Señalización, los semáforos se usan para: a) alternar periódicamente el tránsito de un flujo vehicular o peatonal para permitir el paso de otro flujo vehicular, a partir de un reparto programado de tiempo entre los flujos concurrentes; b) regular la velocidad de los vehículos para mantener la circulación continua a una velocidad constante en una vía con intersecciones semaforizadas continuas (sincronismo); c) controlar la circulación por carriles; d) minimizar el número y gravedad de algunos tipos de accidentes, principalmente los que implican colisiones perpendiculares; e) proporcionar un ordenamiento y seguridad del tránsito.
En consecuencia, un semáforo debe: a) ordenar los movimientos de tránsito minimizando congestión y contaminación; b) reducir algunos tipos de accidentes en particular colisiones laterales; c) agrupar el tránsito en pelotones para permitir fluidez de acceso y cruce en las intersecciones y facilitar el movimiento continuo del tránsito a una determinada velocidad segura por una ruta específica.
Sin embargo, un semáforo tiende a incrementar las demoras, desplazar flujos vehiculares a otras calles menos adecuadas para altos niveles de tránsito, aumentar la frecuencia de accidentes, especialmente por colisiones por alcance, y es susceptible a fallas o problemas de suministro de energía. En este contexto las demoras aumentan en relación directa con el número de fases a establecer para satisfacer en una intersección semaforizada todos los movimientos posibles, y su duración, en la mayoría de los casos para ahorrar desplazamientos adicionales para resolverlos, específicamente en los giros a izquierda cuando se trata de intersecciones entre vías de dos (2) calzadas, una por cada sentido de circulación.
Si bien es cierto los desarrollos tecnológicos permiten, en teoría, albergar en una misma intersección hasta 32 grupos de movimientos, las demoras, que son las que desesperan a conductores y generan las congestiones, aumentan proporcionalmente, afectando directamente las velocidades de circulación y por ende los tiempos de viaje para los diferentes usuarios de las vías.

Cuando esto sucede es cuando se justifica la restricción de los giros a izquierda y en U, o la separación a diferentes niveles para grupos de movimientos. Sin embargo, la eficiencia de estas soluciones, que son costosas, al igual que la capacidad vial, tiende a disminuir en la medida en que aumenta el número de vehículos en circulación y/o se destinan las vías a estacionamiento de vehículos.
¿Qué hacer cuando estas situaciones se presentan y la disponibilidad de recursos tanto físicos (disponibilidad de áreas) y financieros son limitados?
Una de las medidas adoptadas más común es la restricción a la circulación de vehículos mediante la aplicación del “pico y placa”, la cual además de ser impopular no es eficiente en la medida en que el crecimiento del número de vehículos en circulación aumenta en mayor proporción a la capacidad disponible de las vías, y la cobertura de un sistema de transporte público colectivo y/o masivo no es equiparable a la facilidad que representa la tenencia de un vehículo particular.
La implementación de la semaforización inteligente generó muchas expectativas como la opción más indicada para disminuir las “congestiones” o “trancones”, pero hasta ahora los resultados en el corredor de la Calle 16 no lo corroboran.Una de las principales razones que limitan buenos resultados es el número de fases (4) que operan en sus intersecciones, por cuanto en la mayoría de ellas se permiten los giros a izquierda; si se disminuyen el número de fases, se disminuye el tiempo de espera, el atravesamiento de peatones es menos riesgoso, y por supuesto mejora la velocidad de operación a lo largo del corredor.
Para lograrlo se hace necesario desarrollar en cada intersección alternativas para los giros a izquierda con la implementación de “orejas manzana” y/o retornos parciales o totales en los separadores viales, cuando su amplitud lo permita. Estas acciones igual pueden desarrollarse en otros corredores ya sea en forma permanente, o en las horas de mayor afluencia de vehículos, eliminando de todas formas el estacionamiento transitorio en vía, con campañas cívicas intensas que involucren a los propietarios y/o ocupantes de los predios que se identifiquen como destino de los conductores de vehículos estacionados indebidamente.Todo lo anterior significa un cambio de cultura en la cual deben comprometerse todos los conductores, para lo cual es necesario divulgar, para cada intersección las alternativas para los giros a izquierda que se puedan suprimir, luego de un estudio detallado en cada caso.