La gran mayoría de las pintadas en muchas ciudades son producto de la acción de destacar cualquier cosa en las paredes, o son sólo manchas de colores con el simple propósito de hacerse sentir, o contienen letreros preferentemente de contenido político o de protesta. Pero, lo mismo que los afiches de papel para vender productos o servicios, sobre todo son ilegales y todo un despropósito si están sobre un monumento o un edificio de valor patrimonial. Para rematar suelen ser pintadas anónimas que no tienen un estilo identificativo, y muy pocas veces son un verdadero arte urbano, el que por lo contrario sí sería bienvenido en la ciudad.

El arte urbano, también llamado callejero, es por lo contrario producto de técnicas informales de expresión artística que se dan en la calle de manera libre y usualmente en las grandes ciudades, y que son realizaciones de vida corta y que por supuesto no se encuentran en las colecciones de los museos. Pero así como no se obliga a nadie a entrar a los museos ni a las galerías de arte, y que si se entra y lo que se encuentra allí no interesa o satisface, se puede pasar a otra sala o simplemente salir, en este mismo sentido no se debería imponer a todos, todos los días, el tener que ver pintadas ilegales cada vez más deterioradas o ya sin contenido alguno.

De manera similar a que se debe respetar el derecho a no tener que soportar el ruido ajeno, los que hacen pintadas, y los que ponen afiches, deberían respetar el derecho de los habitantes de la ciudad que no las quieren ver en las fachadas de sus casas, afeándolas; o cubriendo, unas y otros sobrepuestos de cualquier manera, casi toda una cuadra ignorando el carácter residencial de su barrio, y además su valor  patrimonial si es que lo tiene. Las pintadas y los afiches solo se deben hacer, o fijar, en donde sean permitidos y oportunos para no caer en otra forma de vandalismo; sería lo más civilizado, democrático y pertinente para una buena ciudad.

De ahí la necesidad de reglamentar las pintadas y los afiches,  prohibiéndolos en las fachadas de todas los edificaciones públicas y privadas, sobre todo en las de carácter patrimonial, y en los centros históricos de las ciudades, pero también en los puentes y viaductos en donde además distraen a los conductores. Y permitir pintadas y afiches únicamente sobre los muros al frente o que rodean los lotes desocupados, pero que no molesten a sus vecinos inmediatos; los que son en toda la ciudad los llamados a avisar oportunamente a las autoridades la ejecución no permitida de pintadas o la fijación  de afiches y exigir su inmediato control.

Pero por otro lado, sí sería pertinente hacer pequeños muros aislados, bien ubicados y diseñados, en plazas, parques y zonas verdes, con el propósito de que sobre sus dos costados se hagan pintadas o se peguen afiches, y estimular en ellos un auténtico arte urbano, incluyendo manifestaciones sociales y políticas o propagandas. Un nuevo tipo de pintadas y de afiches que eventualmente puedan ser arte urbano, y sean objeto de una crítica seria en los medios de comunicación por parte de conocedores de este tema; e incluso dar premios para estimular la creatividad espontánea al tiempo que no se permite el simple atropello “pintado”.

Benjamin Barney Caldas

Benjamin Barney Caldas

Arquitecto de la Universidad de los Andes con maestría en historia de la Universidad del Valle y especializaciones en la San Buenaventura. Ha sido docente en los Andes y en su Taller Internacional de Cartagena; en Cali en Univalle, la San Buenaventura y la Javeriana, en Armenia en La Gran Colombia, en el ISAD en Chihuahua, y continua siéndolo en la Escuela de arquitectura y diseño, Isthmus, en Panamá. Miembro de la Sociedad Colombiana de Arquitectos, la Sociedad de Mejoras Públicas de Cali y la Fundación Salmona. Escribe en El País desde 1998, y en Caliescribe.com desde 2011.