Locales cerrados, calles deterioradas y una crisis social que persiste: el centro busca recuperar su actividad mientras cerca de 2.800 recicladores censados intentan ganarse la vida en sus calles. Caminar por el centro de Cali en este 2026,  es recorrer una historia de puertas cerradas, negocios que no volvieron a abrir y edificios comerciales que perdieron parte de su actividad. En calles donde antes se concentraban ejecutivos, compradores, vendedores y trabajadores, hoy se observan espacios vacíos y establecimientos que buscan sobrevivir. La crisis no apareció de repente. El centro ya enfrentaba dificultades comerciales y cambios en sus dinámicas económicas, hasta el punto que ya las ventas callejeras no son negocio y han disminuido. El estallido social profundizó los problemas y afectó negocios y empleos. Después, el terremoto volvió a generar incertidumbre entre empresas, comerciantes, propietarios y trabajadores, en medio de las dificultades para recuperar la actividad.

En sectores como El Calvario y aledaños, el deterioro comercial coincide con una problemática social que permanece a la vista. Habitantes de calle, recicladores, vendedores y transeúntes comparten espacios en los que confluyen el trabajo informal, las necesidades de atención social y las preocupaciones por la seguridad.

La situación se agudizó con los recientes desalojos y la intervención de la Alcaldía en El Calvario, impulsada por el alcalde Alejandro Eder como parte de la Operación Cristo Rey. Aunque el propósito anunciado es recuperar el espacio público y mejorar la seguridad, la salida de habitantes de calle ha generado preocupación por su posible desplazamiento hacia barrios vecinos, como San Bosco, San Pedro, Bretaña, Sucre, Obrero, etc. Residentes y líderes comunitarios han advertido sobre esta situación y han pedido respuestas sobre la atención que recibirá esta población. El problema de fondo es que retirar a las personas de un sector no significa resolver las condiciones sociales que las llevaron a permanecer allí. Si no hay acompañamiento continuo, atención y alternativas, la crisis puede trasladarse a otras calles sin desaparecer.

Los recicladores hacen parte de esa realidad cotidiana. Según información de la Alcaldía citada para mayo de 2026, Cali tenía cerca de 2.800 recicladores de oficio censados, vinculados a 35 organizaciones formalizadas. Sin embargo, los registros cambian según la fuente y el método de conteo. Un balance de 2024 superaba las 3.000 personas en 34 organizaciones, mientras estimaciones de expertos llegaban a 5.000 al incluir a quienes no figuran en los registros oficiales.

Las cifras muestran que la recuperación del centro requiere considerar a quienes dependen de sus calles para trabajar. No basta con intervenir fachadas, reparar espacios públicos o promover la apertura de establecimientos. También se necesitan alternativas para la población vulnerable, oportunidades laborales, atención social y condiciones de seguridad para residentes, visitantes y comerciantes.

El centro no perdió su actividad en un solo día y tampoco la recuperará con una intervención aislada. Su transformación exige continuidad, coordinación institucional e inversión.

Entre las vitrinas cerradas y las calles que siguen en movimiento permanece una pregunta: ¿cómo devolverle la vida al corazón de Cali sin dejar atrás a quienes dependen de él para sobrevivir?

 

Erika Muñoz