Cali tiene una paradoja urbana: está rodeada de naturaleza, atravesada por ríos y reconocida por sus árboles, pero buena parte de su arquitectura y de su desarrollo urbanístico ha debilitado precisamente esos valores. La ciudad creció, se expandió y multiplicó sus edificaciones, sin que ese crecimiento garantizara una mejor arquitectura, la conservación del patrimonio o una relación responsable con el medio ambiente.
En La Lupa Urbana de Caliescribe, el arquitecto Juan Carlos Ponce puso sobre la mesa una discusión que Cali no puede aplazar: ¿por qué la arquitectura de la ciudad perdió calidad y qué se necesita para recuperar el sentido de construir ciudad?
Su reflexión habla de la formación profesional, de la memoria histórica, de los árboles desaparecidos, de la presión comercial sobre los barrios tradicionales, de la falta de agua y de la necesidad de recuperar el equilibrio entre lo público y lo privado.Una ciudad no se mide únicamente por lo que construye, sino también por lo que conserva, por el espacio público que ofrece y por las condiciones de vida que garantiza a sus habitantes.
La formación de los arquitectos y la calidad de la ciudad
Ponce comienza por la formación profesional. La expansión con 6 facultades de arquitectura en Cali – Palmira no siempre habría estado acompañada de suficientes docentes con experiencia, calidad y capacidad para garantizar una enseñanza de alta calidad.
“No hay los suficientes profesores para tener una muy buena calidad”. La arquitectura requiere conocimiento técnico, sensibilidad urbana, comprensión histórica y experiencia. No basta con diseñar edificios: es necesario entender cómo se relacionan con las calles, los barrios, el paisaje y las personas. El arquitecto también plantea que la madurez profesional llega con el tiempo y con trayectoria construida. Por eso, recuerda la importancia de los maestros y de la experiencia acumulada por generaciones.
La arquitectura no puede juzgarse como una colección de edificios aislados. Ponce lo expresa así: “Una obra no es un edificio una obra es el conjunto de edificaciones y proyectos que ya le dan esa categoría”.
La ciudad, es el resultado de múltiples decisiones que se acumulan durante décadas. Cuando esas decisiones carecen de visión común, el resultado puede ser suma de construcciones sin armonía urbana.
El patrimonio que Cali dejó desaparecer
Uno de los puntos más sensibles de la lupa es el olvido del patrimonio arquitectónico, histórico, cultural. Cali ha perdido edificaciones que daban identidad a sus calles y que permitían reconocer distintas etapas de su historia. La transformación de barrios tradicionales, la presión inmobiliaria y la sustitución de construcciones antiguas por nuevas edificaciones han alterado el paisaje urbano.
Ponce identifica este problema con una frase contundente: “se nos olvidó el patrimonio”.
Cuando desaparece una construcción patrimonial, también se pierde una parte de la memoria colectiva. Por eso, la conservación de sectores como San Antonio y San Cayetano exige una política pública que no reduzca el patrimonio a un elemento decorativo ni lo convierta en una mercancía turística.
Destaca la importancia de preservar estos espacios tradicionales y recuerda que su valor está relacionado con la identidad urbana que representan. La discusión es especialmente relevante en una ciudad que necesita modernizarse sin borrar las huellas de su pasado.
La pregunta: ¿cómo construir una Cali contemporánea sin destruir la Cali que heredaron sus habitantes?
El centro no puede convertirse solamente en una zona de rumba
El centro histórico y comercial enfrenta otra contradicción: mientras se habla de recuperarlo, muchas de sus dinámicas pueden dificultar que la gente viva allí. El ruido, la transformación de los inmuebles y la presión de determinadas actividades comerciales ponen en riesgo su habitabilidad. La propuesta de Ponce es clara: “El centro se recupera trayendo vivienda al centro”.
La idea tiene consecuencias urbanísticas: Recuperar el centro significa devolverle residentes, servicios, actividad cotidiana y condiciones para que las calles sean espacios habitables durante diferentes horas del día. No basta con promover establecimientos comerciales o concentrar actividades nocturnas.
Una ciudad que expulsa a sus residentes de las áreas centrales pierde diversidad y vitalidad. El desafío consiste en compatibilizar la actividad económica con la vivienda, la conservación arquitectónica, el descanso y el espacio público.
La recuperación del centro debe ser una política integral, no una suma de intervenciones aisladas.
Los árboles: una riqueza urbana maltratada
Si hay una reflexión que atraviesa la lupa urbana es la relación entre Cali y su naturaleza. Ponce insiste en que el valor de la ciudad no reside exclusivamente en sus edificios, sino también en el paisaje que los acompaña. Lo dice de esta manera: «El gran valor de Cali es la naturaleza, es sus árboles».
La transformación urbana ha reducido esa presencia en diferentes sectores. Ponce expresa su preocupación por la tala y desaparición de árboles con una frase que interpela a la ciudad: “No puede ser posible que todos estos árboles que teníamos todos los barrios de la ciudad hayan sido derribados, tumbados, talados”.
La crítica se extiende a la presión comercial sobre los espacios verdes. En su diagnóstico, “La voracidad del comercio en Cali ha sido ciega”. El problema no es el comercio como actividad económica, sino un modelo de ocupación del suelo que puede privilegiar el aprovechamiento privado inmediato sobre el interés colectivo. Los antejardines, las aceras y los árboles no son espacios sin valor: contribuyen a la calidad de vida y al paisaje urbano.
La administración municipal tiene la responsabilidad de protegerlos, hacer cumplir las normas y evaluar los resultados de su gestión ambiental. La ciudadanía, por su parte, necesita exigir explicaciones cuando se deteriora el patrimonio natural de sus barrios.
Los ríos y el agua: el límite del crecimiento
Los ríos y las fuentes hídricas son parte esencial de su historia y de sus posibilidades futuras. Pero el crecimiento urbano plantea interrogantes sobre la disponibilidad de agua, la protección de las cuencas y la capacidad de los servicios públicos. Ponce recuerda la fragilidad de algunos cursos de agua y utiliza una expresión que resume su preocupación: “Cali es una quebrada”. También afirma: “El río Lilí es una quebrada……………”.
Estas expresiones deben entenderse dentro de su reflexión sobre la geografía hídrica y la vulnerabilidad ambiental de la ciudad, no como una clasificación técnica de todos sus ríos.
El crecimiento hacia el sur, especialmente en dirección a Jamundí, obliga a preguntarse si la expansión residencial está acompañada por infraestructura suficiente, abastecimiento de agua, alcantarillado y movilidad. Construir vivienda sin resolver esas necesidades puede trasladar los costos del desarrollo a miles de familias y a las generaciones futuras.
Ponce lo resume en una preocupación directa: “Me preocupa muchísimo el urbanismo sin agua”.
El debate no consiste en oponerse automáticamente a la expansión urbana, sino en establecer límites y condiciones. Antes de aprobar nuevas urbanizaciones, se deben evaluar la disponibilidad hídrica, la capacidad de los sistemas de saneamiento, los impactos ambientales y la infraestructura requerida.
El agua no puede tratarse como un asunto que se resolverá después de construir. Debe ser una condición previa para planificar.
Una ciudad que necesita recuperar el equilibrio
Y una propuesta de fondo: fortalecer la capacidad del municipio para intervenir en el ordenamiento territorial. Ponce considera importante que la administración no dependa exclusivamente de las decisiones de los propietarios privados y de los intereses del mercado inmobiliario.
Su planteamiento se concentra en la necesidad de que el municipio tenga suelo propio: “Mientras el municipio no tenga tierras propias#. La referencia remite a los ejidos históricos, terrenos que permitían a las comunidades y a las autoridades disponer de espacios para necesidades colectivas. Recuperar una política de adquisición y reserva de suelo podría contribuir a planificar equipamientos, parques, vivienda y proyectos de interés público, siempre con transparencia, estudios técnicos y controles fiscales.
Es construir una política de suelo público que responda a un plan de ciudad y no a decisiones improvisadas. El objetivo debe ser equilibrar los intereses particulares con el derecho colectivo a una ciudad ordenada, accesible y ambientalmente sostenible.
La arquitectura como responsabilidad pública
La entrevista con Juan Carlos Ponce deja una conclusión que supera el debate profesional. La arquitectura es actividad de diseño, urbanismo, etc, determinan cómo se vive, cómo se circula, qué patrimonio se conserva, dónde se puede descansar y qué recursos naturales estarán disponibles en el futuro.
Cali necesita revisar sus decisiones urbanas con rigor, fortalecer la formación profesional, proteger sus edificaciones históricas, recuperar el arbolado, defender sus ríos y exigir que la expansión se corresponda con la capacidad real de sus servicios públicos. También debe evaluar la gestión de las instituciones responsables del patrimonio, el ambiente y la planeación, con información verificable y rendición de cuentas. Gracias Juan Carlos Ponce, por su aporte al desarrollo futurista de la ciudad.

