A un año de elegir alcalde y renovar los 21 concejales, Cali debe evaluar el incumplimiento de una promesa fundamental: Alejandro Eder llegó al poder ofreciendo combatir la corrupción política, transformar el Concejo y recuperar la ciudad. Después de dos años y nueve meses, la ciudadanía sigue esperando resultados contundentes.

  1. Las palabras de Eder frente a los hechos

El alcalde no puede alegar que no conocía el problema. Durante su campaña y al asumir el gobierno, fue explícito sobre la relación con el Concejo. Sus propias palabras quedaron registradas: “No más sinvergüencerías con el Concejo”.

También afirmó: “El que quiera resolver los problemas de los caleños va a encontrar en mí un gran aliado, el que esté con sinvergüencería, pues no lo va a encontrar”.

Y, dirigiéndose a los concejales, sostuvo: “Concejales… no llegamos a hacer negocios, llegamos a trabajar por los ciudadanos, por ustedes. Suficiente, es suficiente”

Finalmente, exigió: “Concejales Es hora de que adoptemos nuevas formas de administrar lo público”

Eder trazó una línea política inequívoca: transparencia, trabajo por los ciudadanos y rechazo a los negocios con lo público. La pregunta: ¿qué hizo para convertir esas declaraciones en una lucha efectiva contra la corrupción y el clientelismo?

Nada, no basta con pronunciar discursos contra las malas prácticas. Había que establecer controles, transparentar las relaciones políticas, investigar las irregularidades denunciadas y exigir consecuencias cuando correspondiera. El balance crítico es que Eder no ha demostrado una ruptura contundente con las prácticas que prometió combatir.

  1. La burocracia politiquera también cuesta a los ciudadanos

La lucha contra la corrupción no puede limitarse a perseguir sobornos o contratos irregulares. También debe examinar el clientelismo burocrático: cargos innecesarios, cuotas políticas, estructuras administrativas costosas y puestos que no producen resultados proporcionales al dinero que reciben.

Una burocracia parasitaria y politiquera puede convertirse en una forma de despilfarro de los recursos públicos. Cada peso gastado sin justificación suficiente reduce los recursos disponibles para seguridad, educación, vías, agua y servicios sociales.

La malversación tiene una definición jurídica específica y no debe atribuirse sin pruebas. Pero la ciudadanía tiene derecho a exigir que se publiquen los costos de la nómina, las funciones de cada dependencia, los resultados de gestión y la justificación de los cargos.

Si Eder pretendía cambiar las prácticas políticas de Cali, debía demostrarlo también mediante una administración austera, eficiente y libre de cuotas clientelistas injustificadas.

  1. ¿Dónde estuvo el control político del Concejo?

El Concejo tiene la responsabilidad constitucional de ejercer control político sobre la administración distrital. Se cuestiona la falta de consecuencias contundentes frente a los problemas y señalamientos surgidos en dependencias como la Jefatura de Gabinete, el deporte y la educación.

Los cuestionamientos relacionados con la contratación de Gobierno, Deportes y Educacion, con Stapper, Montoya, Camacho y Aguilar requerían explicaciones documentadas, seguimiento y respuestas públicas. Las responsabilidades individuales deben probarse, pero los funcionarios deben rendir cuentas.

La ausencia de mociones de censura no demuestra por sí sola complicidad. Lo que debe evaluarse es si los debates produjeron correctivos, compromisos verificables y resultados. Un Concejo que no fiscaliza eficazmente debilita la democracia local; un alcalde que no exige transparencia incumple su responsabilidad de gobernar.

  1. Quiebra fiscal, endeudamiento y problemas sin resolver

En febrero de 2024, Eder afirmó que Cali estaba en quiebra fiscal. Sin embargo, la aprobación de un endeudamiento por $3,5 billones, según la cifra planteada en este debate, exige explicar su sostenibilidad, el destino de los recursos y las obligaciones que recibirá el próximo gobierno.

El MIO continúa necesitando una solución estructural; las Megaobras acumulan incumplimientos denunciados, una estafa de las 21 megaobras; el deterioro vial persiste y el abastecimiento de agua preocupa a sectores de las comunas 1, 18 y 20. Los resultados de las pruebas Saber, por su parte, exigen una respuesta seria frente a la calidad educativa.

Son problemas que vienen de administraciones anteriores, pero Eder llegó precisamente con la promesa de corregirlos.

  1. En las próximas elecciones, cuentas claras

El balance político se cuestiona tanto al alcalde como al Concejo: Eder prometió combatir las prácticas corruptas, pero no ha demostrado una transformación contundente; el Concejo debe explicar la eficacia de su control político y las decisiones que ha respaldado.

Cali no necesita más discursos contra las “sinvergüencerías” mientras persisten las dudas sobre el clientelismo, la burocracia y el manejo de los recursos públicos. Necesita hechos, transparencia, control independiente y resultados verificables.

Se adjunta derecho de petición al alcalde y a la presidente del Concejo

El próximo año, los ciudadanos elegirán un nuevo alcalde y 21 concejales. La pregunta que deben responder los candidatos es sencilla: ¿cómo acabarán con el clientelismo, reducirán el gasto burocrático improductivo, protegerán las finanzas públicas y resolverán los problemas estructurales de Cali?

La promesa fue cambiar las prácticas políticas. La obligación pendiente es demostrarlo.

 

Ramiro Varela Marmolejo