A propósito de que Cali no ha sido posible consolidarse como distrito especial y a la vez área metropolitana del suroccidente, la actual administración se empeña en mantener formalmente dichas categorizaciones que no han podido materializarse por diferentes factores de orden económico, financiero y político administrativo, que con el paso del tiempo se convirtieron en un obstáculo para dicho proceso, aprobado por el congreso de la república mediante ley.
No obstante, en la ciudad se realizan eventos deportivos, culturales a la vez que se impulsan el turismo y la industria empresarial de la construcción, en tanto, se acabó la vocación industrial, las empresas nacionales y extranjeras localizadas en el territorio fueron liquidadas perdiéndose centenares de puestos de trabajo, al tiempo que Cali dejó de ser la segunda ciudad más importante del país.
Entre tanto, los últimos alcaldes carentes de una visión integral de ciudad se convirtieron en promotores de la industria de la construcción en todos los sectores y en la actualidad se empeñan en transformarla en una ciudad turística por excelencia, que si bien es cierto ha contribuido a generar empleo y a mejorar la infraestructura vial, hotelera y comercial, no constituye una fuente de crecimiento y desarrollos suficientes para lograr mejorar las condiciones económicas y sociales de los caleños.
Por otra parte, la ciudad continúa desarrollándose en medio de la anarquía y el desorden sujeto al arbitrio de sus gobernantes que se empeñan en sacar adelante sus iniciativas que solo benefician a determinados sectores económicos, políticos y sociales, tal como sucede en la actualidad con los grandes empresarios de la construcción y del turismo, con los cuales la ciudad no podrá recuperarse sin tener diseñado un plan que contenga una nueva concepción del desarrollo y progreso de la ciudad.
No debe olvidarse que la sociedad que no produce lo necesario y suficiente para atender sus necesidades y urgencias, está condenada a desaparecer o a tener que vivir a expensas de otra sociedad.
Cali y los caleños demandan de un nuevo plan de Desarrollo, que incorpore el nuevo POT, acorde con los intereses y necesidades de los caleños y con una nueva visión del progreso, además de una vocación de servicio de sus administradores, particularmente en momentos en que la ciudad y sus habitantes padecen los efectos del sismo del 10 de agosto, cuyas demandas no han sido valoradas en toda su dimensión por las autoridades que se han limitado a valorar los aspectos puramente físicos desatendiendo en el fondo la situación económica y social de los caleños.
Se impone la necesidad de revisar las políticas y esquemas organizativos de la administración con el fin de realizar los ajustes corrigiendo los errores, ya que de otra manera no será posible lograr avances en el plano económico, político, urbanístico, cultural, ambiental, etc.
ADENDA: La buena gestión de lo público no depende del recaudo de mayores ingresos sobre la base de elevar tarifas e impuestos como es la constante en Cali y en la empresa de servicios públicos EMCALI, sino la de atender de manera eficiente y oportuna su prestación, tal como lo disponen la Constitución Política y la ley.
El despilfarro de los recursos públicos y la corrupción conducen cada vez más al deterioro en la prestación de los servicios.
El sector empresarial tiene en la rentabilidad el éxito de su gestión. Mientras el Estado debe orientar sus políticas al logro del progreso social, el bienestar general, el trabajo, la vida digna, La Paz y la convivencia que constituyen la finalidad de la función pública.
Cali está al garete no siendo suficientes la frenética actividad del burgomaestre en su empeño de transformar a Cali en lo que cultural, ambiental, paisajística, urbanística, social y económicamente no es suficiente para lograr que la ciudad avance y se convierta en un polo de desarrollo económico y social en beneficio de todos los caleños.